Printfriendly

sábado, 1 de abril de 2017

Reinado del rojo

Cuando uno combate contra uno mismo termina relajándose al leer en el Tao “no pierde quien no compite”; cuando el enemigo es el cronómetro, el de al lado no existe, y todo esto no es más que naturaleza, y algo de matemática. La milla extra se lleva por dentro, el cuerpo te la pide, igual que la transgresión, igual que los detalles.


Es imposible salir ileso de uno mismo, aun tratando continuamente de ignorarse, o repitiéndose en ajenidades, el quilombo te aprieta la nada cierta contra la posibilidad del todo, y sólo te tenés a vos, sin nadie que verifique en vida un equilibrio que sirva para algo. Es seguir, mitad absurdo, mitad sentido, por esa condición de fidelidad que exige la belleza a sus apóstoles, y que no es otra cosa que Respuesta. Porque uno es copa, y también copero, y el vino es eso que está ahí en frente, detrás de la regla, tras vivirla desde todas sus victorias y derrotas.