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sábado, 1 de abril de 2017

Prisma

El ganador del Premio García Lorca (1998), Esteban Cabañas, dice de Prisma: "Un libro de poemas apretujado de palabras, despedazándose de palabras."

Una voz que sabe arder, arrojándose a la llama de las palabras, mariposa aniquilada por un destino que no existe. ¿Es esta la metáfora que sólo llega cuando el final está cerca? Un libro habitado por aquel al cual se lo llama desde el atrás del tiempo. Hay ciertas músicas y detallados gestos de manos que se trazaron desde un alguien que le amó sin que lo supiera. Fríos puñales navegan por el torrente de su sangre. Puñal que corta el aire, puñal invisible, más intenso si se lo oculta, como buen instrumento sueña el momento de herir. Es su naturaleza. Lo suyo es un puñal y una tenaza sus piernas; su boca, prisión y muerte. Trató de escribir una lágrima en un diálogo sin fin, la obra estulta innegable, esa manía griega por los garabatos; trató de escribir un corral de cuatro lados con un montón de palabras, que será lo único que permanezca cuando su figura comience a desaparecer de todas las fotografías".