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sábado, 1 de abril de 2017

La quinta estación

No se encontrará en este libro el dulce simplismo de la descripción de algún par de sentimientos, no. Este libro parte de la desestimación de lo fácil, y con consciente sinceridad enfrenta al posible absurdo de la vida aceptándolo, para así poder intentar vencerlo.

El protagonista de este libro, Andrea, expone su renuncia a lo burdo, criticando, a veces con sencillez irónica, a veces con un pulido desprecio, toda conducta y norma urbana que a su criterio carece de sentido. Idealista a mansalva, señala la distancia entre lo que imagina como posible y el dictamen social de que lo que busca no podrá llegar a ser alcanzado. En este panorama, dolor y decepción no son novedad, y el manejarlos es su habilidad.

Partiendo de lo cotidiano Andrea establece un duro juicio respecto de sí mismo, como de lo que le rodea, y desde ahí va por más.

El libro se divide en cinco secciones, "Maitines", "Laudes", "Guerra", "La quinta estación" y "Piedras y arquitectos" (no hay casualidad en el número), en las cuales el autor va alternando entre hablar de sí, cuando es al lector a quien se refiere, o hablándole al lector cuando es consigo mismo con quien dialoga.