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sábado, 1 de abril de 2017

La agenda de Andrea

La significancia de una copa ociosa y la posibilidad del que el verso, por impiedad, pudiera implicar profecía; el vuelo que el azor decide realizar para sí, como la mudez del erudito y la del idiota, son algunas de las variables que tracé sin lograr demasiada claridad, sin ni siquiera una estética mediana, pero también sin caer en ningún acomodamiento.

Ordenar los textos me significó, al igual que la construcción de los mismos, una mezcla de agobio y diversión, por lo que mirado desde de fuera la idea de lo disperso es casi inevitable, aunque confío en que no hay fondo que no se deje ver, si acaso existe.

La agenda de Andrea fue mi primera manera de llevar a la potencia hasta la vereda del acto, motivado por la necesidad de probar si escribir valía la pena.