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sábado, 1 de abril de 2017

Calle Tarija


Ahora que se han ido y me han dejado solo
comienzo a repasar el valor de sus verbos,
todo lo que dijeron, todo lo que callaron
cuando el día fulgió en la sorda batalla.

Encuentro que no fueron del todo despreciables,
que acaso no alcanzaron a matar como quise
ni a perdonar errores como hubieran podido, 
que al final imitaron lo que al mirarme vieron
y que si les absuelvo es a mí a quien indulto.

Pero aunque para ellos ya todo ha terminado
yo sigo aquí sumando las horas por venir,
a conciencia de un todo que me comprime el pecho
y que me exige vea qué queda por hacer.

...

— ¿Un verso más, señor? ¿Para ganar distancia
entre esto que ocurrió y aquello que será?

— Vale, pero que sea un verso bien logrado
uno que mienta poco y que refiera a noche
que por ejemplo diga, entre otras cosas simples:

"Hoy estuve cansado
de mirarme los días
y encontrarlos vacíos
de sonrisas sangrantes.
Hoy morí con mis ojos
vomitando pasado"

- Son varios versos, varios, y no uno solo ¿sabe?

- !Contar, rimar, coger, teta, concha y el sufro
todo grabado y dicho en piedras de cristal!
No, pibe, yo te digo de salirse de rayas,
de poner en un verso lo que no pone nadie:
el cagarse en el metro mirándose por dentro,
pedírselo a un garzón como se pide un vino,
que te lo sirvan bien con un beso de yapa;
así no es tan callada ni tan sola la noche
y uno puede olvidar las sombras anteriores...
Dejá, no tiene caso, se hace lo que se puede.

- ¡O bien, lo que se quiere, mi estimado señor!