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sábado, 19 de noviembre de 2016

Verónica

El tiempo me sucede entre las manos
y yo, todo desierto, desmesurada calma,
le perdono la prisa, la inquietud que en el alma
le imprimiera su padre, dominador de amos.
Así, semidios torvo, entre reclamos
me abro paso y silente asumo su figura
de niña algo bandida probando mi cordura
que juega entre niveles de demencia
o sensaciones simples de conciencia
sonriéndole despacio a su rubia estatura.

Algo se teje abajo, por encima del ego,
algo que se acomoda y que me busca
como una presión ciega que me ofusca
con un nombre de yegua, sol y fuego.
Salgo, de un golpe salgo, de la arena entro al juego
me lleno de sus ojos, de su risa escondida
que violenta mi sangre y al tiempo me intimida,
porque le intuyo pétalo valiente porque frágil
ante un audaz idiota como yo que por ágil
descuide el pretenderle sea mi  consentida.