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miércoles, 16 de noviembre de 2016

Acepté te perdía, que fuiste una derrota

Te permití el insulto, esa bajeza horrenda
por la que se resbala desde lo más mediocre
hasta el asco profundo, sin vergüenza,
de repetir lo ajeno día y noche.

Vociferaste alto, grave perra
tu condición de chica rica y pobre,
tus falsas esperanzas, tu gruesa decadencia
- que te infectó las ganas - y tu moral tan doble.

Acepté tus berrinches esperando este tiempo
en el que ya sangrado puedo invocar mi boca
que todavía debe aprender labios nuevos.

Acepté te perdía, que fuiste una derrota
y volvió el brillo suave  de no ser quien depende
sino quien tiende apenas sus más honestos puente.