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miércoles, 5 de octubre de 2016

¿Qué tengo que no tiemblo?

Te molestan mis pasos precisos como firmes
por la puta cadencia que bien sabes
invitan a la danza, a la risa y al sexo;
te irrita mi mirada hostil y resentida
nublada de inocencia hija de puta
en la que cabe Cristo y Judas y tu madre.

Y como sigo virgen, a pesar de ser puto,
te lanzas como bestia a morder los talones
de un Aquiles maldito que no sabe morir,
que te ofrece un espejo, así, de golpe
para que veas, dulce, tu reflejo
de sangre anciana, estéril y mordaz
bañando la avenida del olvido.

¿Qué es lo que pasa, guapa? ¿Qué tengo que no tiemblo?
Los demasiados días, me supongo,
jugado por tu nombre
- nombre de barro y oro que ama ser sólo barro
porque teme la altura -,
 las demasiadas burlas del destino
que no pagué en cuotitas, sino con el plumazo
que dan los locos solos cuando aman.