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domingo, 30 de octubre de 2016

París


Desde abajo los fierros, las nubes, cada piedra,
quedan condicionados, totalmente sujetos
a nuestras pocas lentes con las que decidimos
qué estatura revisten, cuánto impacto contienen.

Pero ya desde arriba todo se vuelve poco
incluso a quien lo ve y lo asume callando
la sensación de grito, de espasmo en la garganta
si el Sena sin La Maga le vuelca fiero a Julio.

Yo también soy mis muertos - todos los escritores
que izaron mi tristeza tallando mi alegría
con calles y vivencias de todas sus ciudades -.

Fui, con ellos, sin ellos, uno más en París
solo de mí, tan sólo, que mi dicha fue oscura,
apenas asequible con un beso francés.