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jueves, 4 de agosto de 2016

¿Qué te hace superior a un mosquito?



Según el Génesis Dios dejó para el final la creación del hombre, por lo que se subentiende que el mosquito existió primero. Esto da pie para que algunos ortodoxos piensen que el hombre está por encima del mosquito, siempre y cuando obedezca la ley que Dios le proporcionó, de manera que si no la observa pues nada, está por debajo del mosquito. Hasta aquí coincidiremos en que la capacidad de obedecer una ley implica cierto grado de inteligencia, como mínimo, pero, ¿es suficiente cumplir con 613 preceptos, con diez mandamientos, o con 217 códigos civiles para ser superiores a un mosquito?

Un mosquito se distingue del hombre por lo siguiente: no puede dejar de ser un mosquito. Tú no puedes sentarte a hablar con un mosquito y explicarle lo molesto que resultan sus zumbidos, sus picaduras, y lo letal que significaron, significan y pueden seguir significando su modo de vida para la raza humana. No, él a lo suyo, que lo único que lo frena son insecticidas, bosta de vaca ardiendo o de última un palmazo. Un mosquito no muta sino para hacerse más resistente - y con larvas más fuertes -. Un mosquito no cambia de dieta. Un mosquito, créeme, no tiene opciones.

El hombre, en cambio, el ser humano, tiene esa preciosidad que se llama "libre albedrío" y justo en medio de un montón de manifestaciones de vida que no lo tiene, justo para que injustamente brille más en su inocente ignorancia, quizás. ¿Y qué es el libre albedrío? Poder optar, eso es. Tu elegiste leer este artículo, otro eligió no leerlo, y cada cual es el resultado de sus elecciones, eso es el libre albedrío. Cada cual, como caperucita, elige el camino más largo, o el más corto, para luego medirse con las consecuencias, con la suerte y el destino jugando lejos.

El hombre, también, suele ser muy perezoso, quizás una reminiscencia de aquel paraíso perdido, donde todo estaba al alcance de la mano y sin esfuerzo, ¿no? Y entonces suele optar por la vía del menor esfuerzo y del mayor riesgo. O justo al revés. El caso es que todo el tiempo estamos optando, eligiendo. ¿Libro, o peli? ¿Sofá o parque? Y te imaginas al padre de familia en Siria, ¿me quedo, me voy, los expongo a mis cachorros, nos jugamos todos, me juego solo? ¿Y el que padece dolencias terribles y piensa en la eutanasia y no tiene con quien hablar?

Hay mucha gente por ahí optando por echarle la culpa de lo que le pasa al otro, es una opción, y es la tradicional. También están los que optan por hacerse cargo de sí mismos, esos que andan por ahí diciendo "soy la consecuencia de mis actos y mis omisiones"; sí, lo sé, son poquitos. Ya ves, para mí, lo que te hace superior a un mosquito es tu capacidad de optar, tu poder de elección. A propósito, ¿sabes qué te hace igual a un mosquito? Esa famosísima frase de autoafirmación "Yo soy así y no pienso cambiar". Tú, ¿tienes opciones?

Fotografía de Austin Ban.