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sábado, 13 de agosto de 2016

Lo heredable



Te puedo dejar ese montón de trastos que tanto odias
lo que escribí - y que a veces te mencionó -
el motor de mi primer Mercedes - Gabriela -
y acaso, el disco duro de Ciro - el ojo del Rey -
¿qué me costaría dejarte cosas preciadas para mí?

Albacea de mis bolígrafos de colección
te nombraría sin dudar,
heredera de mis libros más antiguos
- esos
por los que no pocos libreros amanecen entusiasmados -
te haría frente a un notario imbécil y de lujo,
hasta de mi primera camisa de satén
firmaría ante testigos eres dueña.

Pero de esto que bulle en mis nudillos
sujetando las bridas del corcel de mi emoción,
de lo inefable y hostil
que exige a mi garganta me despida de tu absurdo,
no podría siquiera referirte
ni su aliento, ni su contorno;
menos, el vértigo del desprecio
que me obliga a la sonrisa
desde la flaca dureza de mi vientre.