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domingo, 14 de agosto de 2016

La presunción de saberte


Las voces, con sus timbres fantasmales
me aprietan los nudillos, los retuercen
queriendo torturarme; esa vuelta al dolor
que dejé tan atrás entre las sombras.

Es la nostalgia, dice un rumor de oleaje
que me baña de frío, de una calma intranquila
el principio sin fin de una nube en la noche;
yo parpadeo, solo, la sordera brutal
de los que no miraron el rastro de mis tajos.

La trama se detiene y avanza sobre mí
el desgarro irredento de un tigre jadeante,
para que yo, descalzo, grite todos mis nombres
mordiéndome los ojos arrojados al hueco
de lo que nunca fui y que quisieron sea
en el nombre sagrado de todos los normales.

Miro abajo, me miro las mordidas
los hilos de mi sangre hija de puta,
todos los brillos rotos, los destellos
de mi boca sin labios
de mis labios sin boca bendiciendo
las veces de mis golpes, mi estatura
de grieta que en el cielo se establece
para domar demonios y a sus hijos
con mi palabra sola
preñada de tu vientre y de tu risa.