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sábado, 7 de mayo de 2016

Todas las mañanas de Idoia



Julio Cortázar compartió con cierta persona el original de "El perseguidor", con un alguien que entendía de literatura; un entendido, digamos. Esta persona le dijo que mejor de deshacía de ese escrito. No fue por suerte, por supuesto que no, que Cortázar no arrojó a la papelera tamaña novela, sino por ese toque de serena y humilde tozudez que suele caracterizar a la mayoría de los artistas que marcan, de algún modo, un hito en el área en la que se desenvuelven. Y no estoy hablando, pero para nada, de esa otra variable que se llama perseverancia, o de la disciplina.

En todos estos años que llevo leyendo me he topado con gente muy talentosa que, de la nada y con un poco de ayuda, ha conseguido un muy buen nivel literario. Gente que, estoy seguro, si le dedicara al menos una o dos horas al día al tema de escribir lograría niveles de excelencia. También me he topado, quién no, con los escribidores de este siglo que, por mí, hacen menos daño que el que le achacan los escritores de oficio. Escribidores que escriben sobre cualquier cosa, sin demasiados errores ortográficos, y con un estilo no demasiado grisáceo, por decirte.

Y también he visto, aunque raramente, a ciertos contorsionistas. Gente que sabe de técnica, que innegablemente tiene talento, pero que no, que, pareciera, el arte le ha sido negado. Y entonces uno se encuentra con volteretas de ritmos, acentuaciones, figuras y recursos de todo tipo, pero, al final nada nuevo, incluso cuando la emoción esté lograda y bien puesta sobre la mesa. Y es que el arte no sabe, no entiende y menos aún le importa nada de reglas o normas. Somos nosotros los que buscamos facilitar el acceso al arte a través de tales o cuales normas. Tal el tonto secreto.

Todos los que vimos Matrix recordamos cuando la vidente le niega a Neo ser el elegido. Eso es poco comparado al momento en el que el talentoso le marca al virtuoso que sólo es eso, un simple y vulgar virtuoso. Mientras tanto el público, la gente de a pie, los que leen algo que suena bonito y no saben por qué diablos es que suena bonito. Y entonces la diferencia entre el talentoso y el virtuoso. El virtuoso necesita de ese público y es capaz de adecuarse a él, en tanto que el talentoso es capaz de prescindir de cualquier público.

Todas las mañanas del mundo es la segunda peli que Idoia me sugirió que vea, y que al verla lloré como dicta el manual en estos casos. Viene con un sonido muy ajustado al entramado y tiene un guión impecable desde lejos. A mí me golpeó bajo en varias ocasiones - el árbitro entró a separar -, porque el chelo y yo somos amigos, tengo dos hijas mujeres y ansina estoy divorciado, así que todo mal. Pero bueh, ventajas de esta época, que una chica tan guapa tenga tan buen gusto y te tenga en cuenta. Millón gracias, Pelo de fuego.

p.d.
Siempre que veas así, cinco párrafos, en lo normal tendrán 101 palabras cada uno ;)