Printfriendly

domingo, 8 de mayo de 2016

Eso de IR a votar, ¿un buen o pésimo ejemplo?



No hace demasiados años el vocablo "involucrar" se convirtió en vocablo estrella, así, al menos gerencialmente, la cosa iba de involucrar al personal en los objetivos de la empresa. Un poquito después, y hasta hoy, "participar" es la palabrita que se ha convertido en la ganadora del primer puesto, año tras año. Supongo que el innato deseo de pertenencia hace que la gente, consciente o inconscientemente, quiera participar de algún tipo de colectivo, ya sea como parte del club de seguidores de algún artista o como miembros de una agrupación política. El punto pasa por facilitarle a la gente cómo participar.

Un ejemplo de cómo la gente puede participar activamente en un evento lo constituyen los reality shows; sí, esos que tratan de vocalistas, gimnastas y hasta bailarines amateurs. En lo normal, un jurado de gente que sí entiende del tema va filtrando a los primeros concursantes, hasta que llega un momento, en el que reducidos a una docena - digamos - los participantes comienzan a depender, en cierta medida, del apoyo del público. Ahora, ¿cómo este público manifiesta su simpatía, apatía o antipatía respecto de tal o cual concursante? Correcto, a través de su voto. ¿Y cómo vota? Pues por teléfono.

Bien, así como se puede votar por un artista a través de un mensaje de texto (SMS), ¿por qué no se podría hacer lo mismo para elegir al presidente de un país? El sistema es mucho más seguro que cualquier otro sistema que incluya "urna", "cuarto oscuro", y/o la tradicional "mesa de escrutinio". Ciertamente, habría un trabajo inicial de inscripción y depuración, en el sentido de "un número de móvil, un voto", cosa de evitar duplicaciones; pero la cosa sería más que nada de "tratamiento de información ya existente" para las telefónicas. Ahora, examinemos algunas consecuencias de votar vía mensaje de texto.

Primero que nada, los resultados estarían a la vista el mismo día de las votaciones; no existiría todo ese circo del "conteo de papeletas" (no habría que pagarle a nadie para que cuente y recuente los votos). Nadie tendría que trasladarse desde tal lugar hasta cual lugar para votar (con lo que cada votante ahorraría esos gastos de traslado). El costo de cada mensaje es, si no gratuito, extremadamente barato o, cuando menos accesible. Respecto de la identidad de los votantes, también se puede mantener el secreto a través de un simple algoritmo. Así que yo no le veo contras.

Sin embargo, oh economistas, oh políticos, oh Dualidad, lo que para algunos representa un gasto, para otros representa un ingreso. Es decir, parte de mi dinero como contribuyente se convierte en ingresos para el dueño de la imprenta que imprime las papeletas de las votaciones, para el que vende los refrigerios que consumen los jueces de mesa, para el que construye las urnas, el que vende la tinta indeleble, para el chofer que traslada a algunos votantes, y un largo etcétera.  En así, me da risa y pena la gente "adulta" que cree que IR a votar es de gente "pensante".

***

Como ves, en este breve artículo sólo planteo lo innecesario de ir a votar cuando abunda la tecnología para poder hacerlo desde la comodidad de tu cama, o de tu chacra, y desde el país que sea. 

Y vos, ¿creés que hace falta IR a votar, o que bastaría con un móvil o con internet? Déjame saber tu postura.

Gracias.