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viernes, 25 de marzo de 2016

Tus heridas no importan (Confutatis...)

He prescindido del fondo negro y las letras blancas como golpe de efecto. Dejé a un lado las fotografías black & white, desestimé el Lacrimosa de Mozart y teñí mis ojos con el color de las sombras que hierven detrás de sus muros. Algo, entonces, comenzó a manifestarse en la tensión de mi vientre, en la férrea contractura que vacaciona sobre mis hombros, y en la comisura de mis labios, donde continuamente muere - para nacer de nuevo - la última y más letal de mis sonrisas. Esa que se eleva por encima de mis cicatrices hasta llegar a tu mirada.

Tus heridas no importan, me dijeron,
apuntando sin yerros las suyas con el lente.
Sólo cuentan las nuestras, las más altas,
musitaron apenas, como desde un arriba.

Un latido sin verso y una sombra difusa
marcaron en mi pulso ese desgaste
de ver cosas de golpe sintiéndolas de atrás,
ese peso que carga quien lo supo.

Me tocó nuevamente prescindir
mis viejas graves manos del yugo fresco y torpe,
retornar a mis fuentes, a todos los azules.

Fue triste, lamentable, fue algo hermoso.
Sentir cómo volvía a no saber
a ignorar sin pesares mis aciertos más altos.