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jueves, 10 de marzo de 2016

Cita 6

Creeme, durante mucho tiempo algunos estuvieron seguros de poder convencerme de que el talento, al menos en parte, se trata de la capacidad de aprender, más o menos rápidamente, un conjunto de reglas respecto de algo; como si el poder de asimilación, de internalización, esto es, la pura y simple inteligencia fuera algo más que un simple indicador, cuando por experiencia en el colegiado, yo ya había descubierto que la desobediencia a ciertas normativas era la mejor demostración de una incontestable cuota de lucidez y que, como siempre, los no aptos para el cambio terminan siendo, en principio, los más perjudicados. 

  

Los pocos, y dentro de los pocos, los exclusivos que tienen la aptitud como la actitud necesarias para imponer dentro de un mundo bombardeado por un ordenamiento gregario, la idea de un sistema emocional personalísimo al margen y colindante con el universo que les rodea y al que pertenecen con inter-depedencia, son los que pueden indicar, con el ejemplo, y únicamente con el ejemplo, el primero y último de los equilibrios móviles, a través de la risa franca que sobreviene y se gana después del más amargo de los llantos, merced a un egoísmo puro que derrota a un egocentrismo hipócrita.


Por otro lado, el libre albedrío también admite la posibilidad de autodestruirse y desde ahí el posible daño a los notables, pero todo es riesgo cuando todo lo que hay, en el fondo, es certeza. Ya sea que dios no juegue a los dados, ya sea que dios no tenga un puto plan y este dando zapatazos sobre el hormiguero, la resolución final, el cambio de dieta, el salto cualitativo y la metáfora que quieras, se ha venido gestando inevitablemente, a veces con prisas torpes, a veces con demoras indolentes, pero siempre en un avance incontenible, porque así lo hemos soñado.