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miércoles, 17 de febrero de 2016

Disfrutar de nuestras manos

Llegar a ti

a la intimidad del cielo que perdiste
sin aviso en la inconsciencia
de un tiempo de abismos y parientes

morder trabajosamente, incluso con miedo
en la herida que ocultas y que expones
como bandera que desprecias con orgullo

derramarme entonces sin dejar
de sostener mi mirada fija en tu sexo líquido en mi nombre
sin dejar de sostenerme en el tuyo que aprende mi verbo

y sonreír los espasmos electrónicos
del futuro mordisqueando de tu pelo rubio blanquecino
todo el poderío de tus ojos claros
y la larga fortaleza de mis construcciones  insólitas.

Llegar a mí

a la conclusión de mis comienzos
desde la brevedad de tus labios de un rosado imposible
y ese tu ombligo que no lo inventó dios
que yo le dije a su madre era el último muelle

adornar mis mañanas, tan pasadas de tuerca
con la dulce torpeza de tu egoísmo sin orillas
buscando le levante una estatua a la mejor chef del mundo
por una tortilla sin champaña en la cama

olvidar que los jueves de noche hablo con Ruffo
y ordenar pizza, cerveza y otra vez Keanu Reaves
como si no me gustase o no me cupiese
esa tristeza que de golpe y sin aviso
hace
que tu espalda se acomode al fondo de mi pecho.

Llegar y que sepamos
disfrutar de nuestras manos.