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lunes, 22 de febrero de 2016

Deja que me suba tu mirada en blanco y negro


Deja que me suba tu mirada en blanco y negro
el olor profundo y preciso de tus calles
la forma de tus ansias que se esconden y juegan
a no llegar a ser delatadas.

Permite que mi mente
entrenada a olvidar toda primera vez,
acomode su memoria a lo posible
de tu penumbra al fuego que reflejas
si acaso el silencio te ahoga.

Si dejas que me acerque
con varias siglos de distancia

- tú tan hembra, yo tan púber
  yo sin cura, tú alegría -

a la puerta de tus olvidos
al recuerdo de lo imposible,
quizás a un millón de estrellas les imponga
la sintaxis de tu nombre,
y a la oquedad del mío
le dibuje tu mirada.

Si permites que mis dedos
intenten la línea que no dices,
el pálpito de un crepúsculo que a sí se pare

- porque no tiene Dios que lo conciba
ni padre que lo rechace o lo aplauda
ni abuela que lo perdone -,

de repente susurro en tu boca
el amor de los chelos cuando intuyen la entrega:

el cariño del suicida que sonríe
cuando tiene por qué
aferrarse a un instante.