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jueves, 11 de febrero de 2016

Cita 2


Justo hace poco había leído un muy buen poema acerca del miedo y ahora, mientras escucho el poema sinfónico Nro. 29 de Rachmaninov, y recordando lo que vengo leyendo acerca de María, reina de Escocia, se me ocurre "el miedo" como pertenencia. ¿Tenés 20 dólares? ¿Tenés miedo? Convengamos que pudiera tratarse de un degeneramiento del lenguaje, pero en lo normal nadie te sale con un ¿Sentís miedo? no. El verbo que se utiliza es tener. De ahí que entonces suena bastante lógico eso de perder el miedo, porque claro, siguiendo la lógica uno pierde lo que tiene, no lo que siente.


  
Pero, ¿qué es lo que uno tiene sino lo que siente? Entonces ¿es posible perder el cariño o el rencor como se pierde el miedo? ¿Es dable, muy a lo Pink Floyd, ir quedando cómodamente adormecido con los sentimientos cada vez más anestesiados, desdibujados de sus colores primarios? Estoy seguro que sí, como estoy completamente seguro de la posibilidad del proceso contrario. Es decir, bien puede ir ganándose miedos, rencores, incluso vacíos y oscuridades, que la paleta del alma humana da para todo tipo de matices. El chiste está en el juego de dependencias que entran a jugar para cada cual.





Volviendo entonces a aquello de "divino tesoro", no deja de sonarme en la cabeza la célebre frase "los mejores años de mi vida". Y mirá, yo que he vendido tantas cosas, algunas excelentes, algunas bastante rústicas, entiendo que la gente más o menos se vende por lo que sabe - en tanto sea capaz de enseñar, o de transmitir de algún modo eso que sabe - y por lo que siente, porque ambas cosas están ligadas. En así, uno le pone precio a lo que uno es como compañía, porque esto es lo que finalmente se tiene para vender, nada más.


p.d.: minuto 10:22 / ¿Qué clase de compañía está forjando esa mujer que le pone el hombre al crío mientras en frente suena Rachmaninov?