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domingo, 24 de enero de 2016

¿Vos creés que sos libre?



¿Vos creés que sos libre? Si estando en el colectivo te dan ganas de mear, ¿corrés la cremallera de tus jeans y meás ahí mismo? Si una chica te pregunta "¿Y a vos, qué es lo que más te gusta?", le respondés "que me chupen la pija"¿? Si en medio de una misa cristiana, cagado de aburrimiento te dan ganas de rajar de ahí, ¿te salís sin más, dejando a tu mujer y a tus hijos soportando la homilía del viejito que se caga en los derechos de los gays? Y si no querés ir a votar, ¿no vas y listo?

Una mierda. Lo cierto es que vivís bajo condicionamientos sociales, civiles, militares, eclesiásticos, científicos, naturales, mágicos, cuando no demenciales. Todos los días, todos los putos días, hacés y dejás de hacer todo lo que sea necesario que tengás que hacer o no hacer para comer o para coger. Te condiciona tu jefe, te condiciona tu mina, te condicionan tus hijos, tus amantes, tus compañeros de barrio con los que vas al estadio los domingos. Gregario o no, solitario o no, el punto es que vivís condicionado a una estructura diseñada para que seas un sorete más entre los demás soretes olorientos.

Llegado el punto, incluso defendés ideales, posturas políticas - si conviene, que salven a las focas -, todo por comer o por coger o, por lo menos, para no quedar al último de los últimos. Porque, como dice el manual, entre varios tenemos más posibilidades de sobrevivir. Mientras que en el otro manual, el que no leíste, no se habla de sobrevivir, sino de disfrutar ilimitadamente de las propias limitaciones. Llegado el punto, lo sabés, lo sabemos, no soportarías que nadie fuese demasiado diferente de vos. Cualquier no semejante se convertiría en una ofensa, en un peligro para tus bases heredadas.

Pero, muy a pesar de todos los putos condicionamientos - pobrecito vos -, estamos los ingenuos. Y podés denunciarme, acusarme, juzgarme, vomitar mi nombre en el último excusado de Escocia, "no problem". En el último centímetro que me queda a mí, y a los que son como yo, de espacio personal, hay un eco que va más allá de notas y semitonos, y que se llama libertad de los íntegros. Una libertad por la que nos dejaríamos matar y por la que estamos dispuestos a destruir - en el último y primigenio sentido de la palabra -. Los perdidos no viven del reclamo.

No te creas... Un cariño sincero, un afecto de los altos - incomprensible para los resentidos que no saben que lo son -, hace que de vez en cuando, salga de mi jaula y me muestre en la puertita de hierro de otra jaula que me priva de quien quiero a mi lado, por ver si puede salirse de la suya como yo de la mía. Ninguna ha podido, y eso significa que estoy errado. Pero entonces Inglaterra: "coma bosta de caballo, mil moscas no pueden equivocarse". Entonces mis ojos recordando el dolor inútil y la sonrisa perfectamente merecida.

Fotografía de Elmira G.