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lunes, 18 de enero de 2016

¿Por qué se enojan cuando quiero a alguien?


Un cansancio pleno y denso, pero de los sucios, de los que tienen una especie de mancha de tristeza que no podés definir en redondo, y que por eso, aparte, también agobia algo más que la carne. Me siento en el banquillo, me recuesto por la pared y, extrañamente, no aparece el tradicional dolor bajo el hombro derecho. Cierro los ojos, relajo los brazos, y hay algo que no llega, un golpe que no se define, una escena que no termina de cristalizarse. Todo está a oscuras, y todo es el puente tendido bajo la lluvia sin que nadie lo cruce.

Solo los solos sabrían jugar este juego, supongo. Pero hay ya demasiados solos en el mundo y  no hay uno sólo que sobresalga en la victoria mundial sobre el auto ostracismo o sobre la socio dependencia. Más tarde o más temprano los movimientos musculares involuntarios, cuando no las pesadillas, terminan destruyendo la potencialidad de un sueño tranquilo, lo que determina una disfunción a largo plazo de las cuerdas vocales y la consecuente dependencia a la tinta polar. Justo entonces, allá, Capote, en ese inglés tan de su puto país de mierda, pero con su inteligencia suprema: "porque la gente es idiota".

Cristal me dijo que consulte con Brenda. Me sonreí por dentro. Cristal nunca supo que ingresé al centro de alto rendimiento físico y mental de Las Palmas, y que para el ingreso y durante la estadía me acompañó Majorie. Un año después, Majorie estaba embarazada de trillizos. Un año y medio después, Brenda, junto con su marido, intentó raptar a los críos a plena mañana. Menos mal que Piter, el padre de los bebés, estaba atento y a punto y consiguió evitarlo, violencia de por medio. Dos años después, cuando me enteré, casi me lo tomo a broma. Parecía de película.

Dos años y medio después del nacimiento de los trillizos, Majorie me llama, me cita. Nos juntamos. Le muestro mi cajita de quetiapina, ella me muestra la suya. Me gana por 200 miligramos. Me cuenta que intentó matar a sus hijos, que antes, intentó prostituirse. Me pide que le preste dinero. Yo miro a mi izquierda, veo un colchón verde en el pasillo, casi creí que eras vos que venías de vuelta. Me dice que se hizo amiga de unos trans. Yo le presto unos billetes, limpio y sobrio le aconsejo boludeces, que hable, que me ponga al medio si quiere.

Cristal me mira sorprendida y tacha sus anotaciones. Me lleva a la "trastienda", me tiende en la camilla y me palpa. Maricón de mí, siempre me sonrojo, pero ella se ríe. Es diez años más joven que yo, más vieja que su edad, y más linda de cómo la ven los demás. Me dijo que volverías, y con una seguridad que te cagas, igual que mi ex. Sin embargo, Vida, la gente suele ser amable por hipócrita. Insincera por deporte. Jeremías 17:5, Andrea. "Y si el llanto te viene a buscar", Bruno mío. ¿Por qué se enojan cuando quiero a alguien?