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martes, 22 de diciembre de 2015

Villancico

Amor de niño que aprendió de tanto daño
a ser cordero y cimitarra en el pesebre;
cariño hostil, pasión crecida del orfebre
que sabe y nutre con su sombra sin engaño.

Así tu nombre y sus demonios, el peldaño
alzando el eco que te oculta de la fiebre
de tanto vulgo concentrado en su requiebre
sencillo y burdo en donde el dios es algo extraño.

¿Mejor te marchas, permitiéndome el vacío
de haber besado como nadie a quien me enviaste
sabiendo duele demasiado todavía?

¿Mejor te quedas, y registras cómo al frío
le pongo ganas sin gritar que me cagaste
cual Job chiquito que  le apuesta a tu alegría?