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sábado, 19 de diciembre de 2015

El hambre...

El hambre inquieta las precisas dimensiones
del gesto indócil que sin prisa nos domina,
que sabe ser lo que mejor nos ilumina
sin duelos burdos, sin errores ni omisiones.

Caemos solos - al costado de naciones
lamiendo salmos como triste medicina
al odio antiguo que su esencia determina -
sin paz ni miedo, validando nuestros dones.

Lo sé, los ruidos, los hedores que se escapan
los golpes bajos que no hieren, que molestan
la herida torpe, la que portan los idiotas...

Vivirlo así, porque en la duda se agazapan.
Saberlo así, para que sepan que nos gestan
con blancas, negras y silencios entre notas.