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sábado, 21 de noviembre de 2015

De hijos de puta e idiotas

No te voy a negar que me vengo burlando de medio mundo desde que José Ingenieros y Manuel García Morente me cruzaron la cara en ese tiempo en donde todo lo que había era un poco de gasa y agua oxigenada - ya si tenías cierto acomodo, quizás había mercuro y sulfa -. Pero así como no te niego esto, aceptame vos que también me burlé de la otra mitad ( vamos, no se vale andar predicando la justicia, el amor, y la santísima caridad de las palomas, si es que no se tiene un poco de aritmética básica, amorcito corazón).

Vos decís que para mí todo el mundo es idiota, y te juro que ojalá fuese así, porque un montón de problemas no existirían. Ahora, la macana es que si bien son minoría, existen los hijos de puta, que tienen como jefes a los hijos de diez mil putas, y son estos los que manejan a los idiotas. Como verás, si me seguís, no hace falta ser genio para entender la estructura básica en la cual nos movemos. Los hijos de puta, gobernados por los hijos de diez mil putas, son los que gobiernan a los idiotas manteniéndolos justamente así, idiotas.

Un hijo de diez mil putas, por ejemplo, confiesa que dios le habló, y que le dio instrucciones precisas. Un hijo de puta, luego, termina de interpretar esta revelación y la traduce a los idiotas. Así, por ejemplo, un idiota de ley, en lugar de agarrar su pene y buscar alguna vagina en la cual ejercer su penicidad, se pone un vestido negro y se dedica a toquetear a pibitos menores de diez años. El idiota de ley, para el común de los idiotas, se convierte entonces en un hijo de puta. En así ¿son los hijos de puta el problema?

Vos entonces me podés preguntar lo que yo aprendí a preguntar y te enseñé a preguntar ya casi tres décadas atrás "¿Y qué pensás hacer al respecto?". Pues yo no me tenso en la respuesta, simplemente sigo y marco mi criterio, cuando puedo y me lo permiten, eso uno. Dos, ni compro una estampita, ni vendo mi voz. Yo no acomodo mi manera a lo socialmente plausible, ni me pongo a predicar en ninguna plaza, ni intento adoctrinar a los que saben menos horrores que yo. Yo tan sólo me burlo de los que, como vos, creen entender afectivamente qué soy.

Ahora, para terminar de amargarte tu puta jornada, en respuesta a tu intento de amargarme el semestre, te cuento que frente a los hijos de diez mil putas y a los hijos de puta, están sus opuestos, corazón. Chic@s que estudian por los que no pueden hacerlo, que se juegan el cuero porque creen en el alma que portan y que ésta les exige ir para una determinada dirección. Chic@s que no farolean, que no pierden energías en pensar si la gente es idiota o no, sino que emplean su tiempo y recursos en evitar que el puterío pueda terminar ganándonos.