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lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Cómo me sano esta violencia?

A veces soy el chico que nadie tomaba en cuenta
uno que aferrado a su resentimiento
logró escupir su nombre al rostro de la noche
triunfando a la carencia de los gregarios,
entonces
tus manos no solamente son manos
sino que son las garras poderosas
de una leona cruzando mis puentes
haciendo me olvide de cuán solo estoy y soy.

Si te vas, si te alejas
- y siempre es de pronto, como un golpe
que no veo venir, que no sé medir -
me vuelvo grito, la herida que sangra
y que a pesar de su antigua inteligencia
sólo es honesta consigo misma en un reclamo.

Si te alejas, si te vas
sin un aviso de zona de turbulencias
sin una señal de curvas peligrosas,
soy el atleta dispuesto a matar y a matarse
y que sube al ring con los ojos fríos
la voz ardiendo por tus ojos
y todo el atrás del tiempo rugiendo en mis puños,
pero
sin nadie a quién poner de rodillas
sin nadie a quién destrozar
para borrar tanta distancia.

¿Qué hago, ahora que no te tengo
cuando recuerdo cuánto te tuve?

¿Cómo me sano esta violencia
de no lograr la calma
- que me escondes y me ocultas sin siquiera imaginarlo -
cada vez que te marchas?