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sábado, 21 de febrero de 2015

90. La siesta



La noche que se cierra en su secreto
parece no saber que le buscamos
el rastro más oculto - el de los santos -
en su respiración libre de egos.

La mañana que ignora le sabemos
su condición de luz limpia de años
parece sonreír desde lo bajo
nuestro terco querer obviar al tiempo.

Por eso es que en la siesta viperina
encontramos la fuerza necesaria
para escupir al cielo y vernos vivos.

Es allí que encontramos la salida
mezclando nuestra carne con la gracia
de ser agua lavando lo podrido.