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sábado, 21 de febrero de 2015

89. Casi sabe

Ahí, en lo denso y frágil de todos los destinos
donde habita la indócil e inasible fortuna
encalla su mirada de tigre enardecido
levantando el desprecio que le anuda la nuca.

Ya no cierra los ojos para sentirse hijo,
ni roza con sus dedos cada magulladura
que ganó como padre de tan pocos amigos,
solamente se asiste con palabras oscuras.

Entonces se aproxima al límite del nombre
que fluye en remolinos  y de por sí se esconde
de su boca de infierno clamando por decirse.

Sospecha, casi sabe que asedia lo imposible,
y con sus labios procura la vibración del verbo

que habita en su gemela desnuda de pretéritos.