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sábado, 17 de enero de 2015

El drama del asco y de la fe



Avanzo en la pendiente que lleva hasta mi nombre
arrastrando mi cuerpo - por demás entrenado -
por entre los ocasos que también portan huesos
sosteniendo los ojos que miran mi lejana
y dañina manera de desestimar todo.

Cuando llego y repito el hueco tan absurdo
llenándome el estómago de mariposas muertas
comprendo que me ignoro al final de la cúspide.
Entonces me rechazo y me arrojo de nuevo
a la idea de Sísifo tendiéndome la mano
mientras vomito soles, galaxias infinitas.

Casi el miedo, profundo, latiéndome las carnes,
y casi la sonrisa huidora de mi boca,
hasta que me despueblo de inútiles y santos
volcándome al camino ansioso de mi vientre,
de mis roturas breves quebrando mi mirada.

Noventa y nueve veces trituré sin esfuerzo
el eco de mi sombra perforando el oído
y una más desde siempre porque no basta el rojo
para decir mi idioma desprovisto de salvas,
inquieto de vivirse más allá de las horas.

Así todos los días con los demás crepúsculos
haciendo la secuencia que sin final inicia
eternamente el drama del asco y de la fe
arrasando de sed y bochorno preciso
mi estatura que pide por un poco de cielo.