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viernes, 25 de diciembre de 2015

Sin conocer de qué color besan tus labios


Sé que mirás estas maneras del absurdo
con que me muestro y me resbalo de la gente
guardando el gesto, la palabra incandescente
que mostraría a tanto diestro qué es ser zurdo.

Que estás al límite del duelo y de la sangre
que ves me come y me levanta y me tortura
sin atreverte - de tan fértil y segura -
a darme el corte que en tu boca nos desangre.

Yo sé que quiero retener en mí tus modos;
sin conocer de qué color besan tus labios
sé que mi sed se construyó por tus heridas.

Y vos sabés, por no quererme como a todos,
que adoro el juego y que me burlo de los sabios,
que entiendo el filo que le ves a nuestras vidas.

A la que viene a mí...


Ahora que me faltan sonidos que describan
todo lo que deshice por levantar mis muros
y me sobran silencios como vinos maduros
a los que sólo a solas pocos ojos arriban.

Ahora que no pesa que de mí sobrevivan
junto con mis canciones los verbos y conjuros
paridos por mi boca cuando entreví futuros
dejando que mis manos te sueñen y te escriban.

Mejor me vas pensando, intuyendo lo cierto
de mi sangre y mis huesos que siempre se entrenaron
en esto de esperarte detrás de cada muerte.

Mejor me otorgas algo de luz al descubierto
que en mi pecho hace frío de tanto lo sangraron
y ya me cuesta ser quien siempre se divierte.

jueves, 24 de diciembre de 2015

Ruido azul

Las músicas son como los perfumes y los vicios que te comen el cerebro: ahí donde te agarran, ahí mismo te fijan, con todo el entorno y contorno que vaya y te quepa. Si a los 15 te tocó una jefa que use Paris de Yves, listo, el resto de tu vida la tendrás ahí, a Paris y a tu jefa. Igual, y al revés, si Amaridge te agarró a los 17 del cuello de la minita esa -  sí, la rubia que andaba con el ricachón y que en el fondo te miraba con ganas, y que menos mal entendiste pronto - .

Si te ponés a pensar, y a sentir, vas a ver, o sea, a escuchar, que cuando suenan ciertas notas, ciertas músicas, canciones, al tiro volvés a la época en la que te marcó el cerebro. Un clásico ochentero, valga la época y entonces vaya de ejemplo el popularísimo Last Christmas, que a media humanidad le agarró o para arriba o para abajo y, que según entonces, adora o detesta la puta canción esa que, por cierto, es buenísima. Del mismo modo y acabada la cena, lo que se cantaba en la tribuna cuando salió campeón tu club.

Ahora, cuando la cosa no es canción, es decir, no es que la canta un negro, un blanco, un coro, una tía, un tío, sino que es una música que es más o menos puro cuerdas, digamos una "orquesta de cámara", como mucho, y hace unox 25 años no la escuchás y de repente te viene de golpe su recuerdo NO PORQUE LA HAYAS ESCUCHADO, sino porque lo que te toca vivir es lo que te hace pensar, recordar a esa música. Es decir, el proceso enteramente inverso. La jefa recordándote a Paris, la mina recordándote a Amaridge, al revés, ¿viste?

Yo me acuerdo que cuando accedí a "Return to the grave" la historia iba de VHS, para comenzar. En luego, a Bruce lo tenía carpeteado y hasta hoy sigue siendo el representante del mejor físico masculino de todos los putos tiempos, y te lo firmo yo que soy poeta, carajo. En después, Brandon se muere en esa peli, durante esa peli. Y la peli, durísima, incluyendo una de las variables más intensas que siempre imaginé: la posibilidad de poder volcar en otro de un sólo golpe el dolor que se sintió durante mucho tiempo. 48 horas de dolor en dos segundos.

Mucho antes fue lo de Love will lead you back, mucho después la garganta afinada de Yuri con su Quién eres tú con ese "en medio" de la maldita primavera, of course. Como sea, decepción, dolor, separación, muerte... variables terribles. Y, sin embargo, entonces la música, como siempre. Para mí estas tres manifestaciones musicales, tienen su cosa técnicamente, que a ningún dios hará asombrarse, supongo. Pero de la nada y con poco hicieron mucho, al menos conmigo. Sin querer o queriendo, de algún modo son parte de esa biblia que no la compré, que la sigo construyendo, nota a nota, así.


martes, 22 de diciembre de 2015

Villancico

Amor de niño que aprendió de tanto daño
a ser cordero y cimitarra en el pesebre;
cariño hostil, pasión crecida del orfebre
que sabe y nutre con su sombra sin engaño.

Así tu nombre y sus demonios, el peldaño
alzando el eco que te oculta de la fiebre
de tanto vulgo concentrado en su requiebre
sencillo y burdo en donde el dios es algo extraño.

¿Mejor te marchas, permitiéndome el vacío
de haber besado como nadie a quien me enviaste
sabiendo duele demasiado todavía?

¿Mejor te quedas, y registras cómo al frío
le pongo ganas sin gritar que me cagaste
cual Job chiquito que  le apuesta a tu alegría?



lunes, 21 de diciembre de 2015

Sin ladridos, mejor



Sí, me he fijado en sus modales; ni me asquean, ni me molestan. Apenas sí me generan un poco de lástima pasajera, algo de vergüenza, en todo caso. Sí, decí lo que querrás, pero yo ya los tengo carpeteados y, como dice el libro, no hay nada nuevo bajo el sol. Ni siquiera me cansa, fijate bien en lo que te estoy diciendo, ni siquiera me cansa ese aire de altanería que con palúdica vehemencia intentan sostener detrás de alguna que otra frase más o menos procaz, porque para ofender, al menos en mi caso, hace falta mucho más que insultos.

Aparte, es sabido, si no me llaman yo no entro. Y si me llaman voy hasta "vencer o morir", violencia escrituaria por delante - aquí calculá que aquello del sexo intestinal es preescolar para un mierda como sho -. Es decir, el que perdió el norte, rompió biela, quemó fuente, y demás variables, se le nota a la distancia y yo no tengo ganas de perder saliva con daños menores de este tipo que se diagnostican prima facie así: 1- el hispano que se apega al inglés (incluyendo nicks)  y 2- el rioplatense que reniega del voseo y escribe pal culo.

Yo sé que hay quienes se toman en serio este tipo de afrentas porque, en todo caso, no dejan de ser afrentas. Yo sé que hay quienes se dicen que son todos fuegos de artificio que se disparan entre una pandilla de locos, y que entre locos no hay heridos. Yo sé que no faltará quien piense que todo está orquestado - usté me crea, misía Pepita, hay de todo, ya le digo -. En todo caso, no tiene porqué ser una pena, todo lo contrario. Un tarado menos - pero ¿por qué afirmás que es hombre? ¿acaso viste su pene? -

No tiene por qué ser una pena porque, como siempre, todo sirve para mostrar quién está de qué lado de qué vereda, si es que las veredas, las calles, los ríos, las fronteras existen. A mí me sirve para confirmar una vez más que, al menos dada nuestra condición económica, tenemos la posibilidad de ejercer una importante cuota de libre albedrío, que no es para nada poco, ¿no? También me sirve para confirmar que hay gente que escribe, lee, y aún así no pasó del examen del párrafo 3 de este posteo, ergo: pobre gente, che. Mirá que llamarse Miel...

En fin. La cosa es así, para los principiantes, digo: en internet el año dura 2 meses - o menos -. Alguien, persona física o jurídica se mide por su estadía en el mercado. Ergo 12 meses son 6 años, así de simple y complicado. Hoy día, a mi criterio el año en internet incluso puede ser considerado como de 45 días, casi menos, dependiendo de exigencias. Así que vamos, darle pelota a una empresa personal o jurídica que tiene menos de 15 años en el mercado, vos le darías pelota¿? O tenés que ser pelotudo, o tenés que ser pasional.

sábado, 19 de diciembre de 2015

El hambre...

El hambre inquieta las precisas dimensiones
del gesto indócil que sin prisa nos domina,
que sabe ser lo que mejor nos ilumina
sin duelos burdos, sin errores ni omisiones.

Caemos solos - al costado de naciones
lamiendo salmos como triste medicina
al odio antiguo que su esencia determina -
sin paz ni miedo, validando nuestros dones.

Lo sé, los ruidos, los hedores que se escapan
los golpes bajos que no hieren, que molestan
la herida torpe, la que portan los idiotas...

Vivirlo así, porque en la duda se agazapan.
Saberlo así, para que sepan que nos gestan
con blancas, negras y silencios entre notas.


jueves, 17 de diciembre de 2015

67. El prisionero

"El prisionero siempre es el mismo: ninguno".
Asira

Ya comprende que el tiempo ni le falta ni sobra
que el mundo que percibe es espacio que sueña,
que del todo apenas aprisiona una seña
desde la cual consigue evitar la zozobra.

Entonces es que a nadie regala su mirada,
dominando sin gestos bruscos a sus captores
retiene para sí los últimos colores,
su legado, su herencia de vanidad sagrada.

Las cadenas marcando surcos entre sus brazos
las siente como dueñas del que las construyó
los guardias le parecen tullidos sin un templo.
                                                  
Sonríe nuevamente, se está haciendo pedazos,
no le importa, persiste, es el que desoyó,
el hijo de sí mismo, sin final, el ejemplo.

martes, 15 de diciembre de 2015

Por ahora no importa

Imagino lo poco que sabe de la sangre
y lo mucho que quiere de los pocos momentos
que le brindo y le robo salvando sus intentos
de ser puñal y miel sin que en mí se desangre.

Siento que no me importa. Necesito no duela
ni su voz de mañana, ni mis gritos de noche,
asumir el deseo sin culpa y sin reproche
desbarrancarme en mí sin dejar una estela.

Ya llegarán los tiempos de demonios tranquilos
comiendo de mis sobras con angelitos rojos,
con chicas de provincia y chicos de ciudad.

Por ahora no importa, siguen firmes mis filos
buscando sin urgencia la huella de los cojos
que hicieron esta puta sin miedo y sin edad.

lunes, 14 de diciembre de 2015

73. La diferencia que condena

73. La diferencia que condena

"Agradó a Dios y fue amado, y como vivía entre pecadores, fue trasladado."
Sabiduría 4:10

Mírame cada marca que dejaron los años
arrugando mi rostro, mis dedos andariegos
y aprende a valorar si enarbolé los egos
de las crías que tengo, a golpes, sin regaños.

Aplaude mis errores y todos mis engaños
que por haber calmado sus mil desasosiegos
tan sólo entremezclando disciplina con juegos
les provoqué dolores privándoles de daños.

Agradece lo injusto de que siga tranquilo
con mis furias y fobias y mi no ser de nadie
con mi manía y modo de despreciar la normas.

Quizás por eso lata dibujando un estilo
que desgrana la vida  y lo que de esta irradie
cuando el tiempo se curve y ya no queden formas.

domingo, 13 de diciembre de 2015

Amo despacio



Sangro, sin que se note sangro, por debajo de mi piel y sin una hemorragia interna. Desando mi mirada sin que por ello la intensidad de mis ojos pierda en nada de color el último de sus brillos. Lo sé. Es sólo que voy dejando de ser lo que fui, como cada tanto, para, también como siempre, comenzar a ser ese nuevo que siempre voy siendo. Nadie lo entiende bien.  Y eso que todos lo saben. Esto de pronto me cansa, me agobia, y me lleva a ideas violentas, a unas ganas de tabaco y whisky y sexo y viajar lejos.

Pero uno tiene que acostumbrarse a no estar acostumbrado nunca del todo, y que todo el mundo ande acostumbrado a tomarlo a uno como el más acostumbrado a todo, es lo cierto. Y entonces, cuando el día nacional de la bandera no es realmente el día en el que nos importa la bandera y pasamos de largo cuando toda la gente está tan contenta firme cantando una canción que llaman himno y que saben la letra y no saben qué dice pero que cantan y ahí el teniente que me agarra del brazo y yo le digo apenas que soy extranjero...

Yo no sé, la verdad. Porque es tan triste, tan deprimente, que si uno se pone a pensar vaya y pase, pero si uno se pone a sentir, lo que se llama sentir, ahí es que uno realmente - y digo realmente a sabiendas del asco que provoca no sólo al que lee este vocablo, sino al que además de leerlo lo verbaliza, y  ni qué decir al que no sólo lo verbaliza, sino que también se imagina lo asqueroso que debe ser imaginarlo y escribirlo, que es lo que me pasa a mí, que también imagino a ese alguien así...

¿Vos sabés lo que pasa cuando se te va alguien de golpe? Es lo mismo que cuando te aparece alguien de golpe, pero al revés. Lo ridículo es que por anotaciones así en algunos círculos me tratan de genio y, por equilibrar las cosas, en otros me tratan de idiota. En lo normal no soporto mucho ninguno de los dos círculos. En lo normal ninguno de los dos círculos me soporta demasiado. En lo normal lo que yo quiero es que ambos círculos se junten y se hagan mierda de una puta vez, porque sólo quieren cosas, y sólo dan cosas.

Yo tengo la noche debajo de mis ojos, detrás de mis párpados, alrededor de mis cabellos, y en el antes de cada uno de mis latidos. Yo puedo seguir despierto durante novelas y versos enteros, antes que surjan urgentes y sin violencia los pezones que me laven de tanta precariedad emocional ajena. Yo me disperso o me concentro si decido o no ceder a la tontería del drama de la disciplina. Y atiende, amo  a prisa, como un estallido que no acaba, cuando siento que el absurdo me gana un alfil. Y amo despacio cuando sé que ya no puedo perder.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Al revés



No pudo sostenerme la mirada, y se ovilló erguida mirando el puñado de plantas que con absurda precisión crecía en el ridículo espacio que ella denominaba jardín. No la presioné, para qué, bastante tenía yo mismo con tener que soportar el verla así, venida a menos en nada de tiempo, como si una enfermedad terminal le hubiera ganado las defensas sin que ni ella ni nadie puedan hacer nada al respecto.

—Hacé lo que te parezca —dijo. — Si no te importa, yo no puedo hacer nada. Y si se muere, que se muera.

Yo sentí, para maravilla de mí mismo, una tórrida serenidad. Al tiempo, una mezcla justa de pena, de lástima, de vergüenza ajena, entremezclándose con la rabia y el asco en la negrura de mis ojos fijos en su pelo, en sus rizos quebrados, en su cintura ensanchada por décadas de satisfacer a Ceres y olvidar a Venus, en sus uñas sin hacer, en su "hacé lo que te parezca".

—Al revés. No voy a hacer nada —dije.
—Entonces no te importa —dijo.

—Verás —y era mi voz, y era yo, pero de alguna manera era algo más que yo quién o qué hablaba—, normalmente soy generoso, incluso suelo ser amable, pero mi estuche viene con fecha de caducidad y otras limitaciones diversas para culpabilidades, reclamos y variables semejantes. Así que vamos, el tema ahora es así: si se muere, ese fardo es tuyo, total, completa y absolutamente tuyo. 

domingo, 22 de noviembre de 2015

Mi risa

Mi risa, amor de mis mejillas adoradoras de tu vientre, dime cómo la recupero siendo que la desposaste sin mi consentimiento, a escondidas, como el robo perfecto de un ladrón incapaz de admitir ni la crueldad de su falta ni la perfección de su accionar.

Mi risa simple, la que escondo de los tontos
y ofrezco indócil a los puros en mi afecto,
se muere sola sin tu voz, por el defecto
de ser en mí quien más te busca entre los sontos.

Silencios arduos me dedicas y respondes
con crueles modos a los actos del tullido
que quiere y busca no saberse incomprendido
por tantos filos que te pueblan y me escondes.

Te quise otrora. Sin el nombre que te espera
torcí el camino de mis ojos por los tuyos,
y aquí me ves, queriendo entiendas que te amo,

que cada herida que viví quise me uniera
a un golpe duro, casi azul y sin orgullos,
al beso tuyo que preciso y que reclamo.

sábado, 21 de noviembre de 2015

De hijos de puta e idiotas

No te voy a negar que me vengo burlando de medio mundo desde que José Ingenieros y Manuel García Morente me cruzaron la cara en ese tiempo en donde todo lo que había era un poco de gasa y agua oxigenada - ya si tenías cierto acomodo, quizás había mercuro y sulfa -. Pero así como no te niego esto, aceptame vos que también me burlé de la otra mitad ( vamos, no se vale andar predicando la justicia, el amor, y la santísima caridad de las palomas, si es que no se tiene un poco de aritmética básica, amorcito corazón).

Vos decís que para mí todo el mundo es idiota, y te juro que ojalá fuese así, porque un montón de problemas no existirían. Ahora, la macana es que si bien son minoría, existen los hijos de puta, que tienen como jefes a los hijos de diez mil putas, y son estos los que manejan a los idiotas. Como verás, si me seguís, no hace falta ser genio para entender la estructura básica en la cual nos movemos. Los hijos de puta, gobernados por los hijos de diez mil putas, son los que gobiernan a los idiotas manteniéndolos justamente así, idiotas.

Un hijo de diez mil putas, por ejemplo, confiesa que dios le habló, y que le dio instrucciones precisas. Un hijo de puta, luego, termina de interpretar esta revelación y la traduce a los idiotas. Así, por ejemplo, un idiota de ley, en lugar de agarrar su pene y buscar alguna vagina en la cual ejercer su penicidad, se pone un vestido negro y se dedica a toquetear a pibitos menores de diez años. El idiota de ley, para el común de los idiotas, se convierte entonces en un hijo de puta. En así ¿son los hijos de puta el problema?

Vos entonces me podés preguntar lo que yo aprendí a preguntar y te enseñé a preguntar ya casi tres décadas atrás "¿Y qué pensás hacer al respecto?". Pues yo no me tenso en la respuesta, simplemente sigo y marco mi criterio, cuando puedo y me lo permiten, eso uno. Dos, ni compro una estampita, ni vendo mi voz. Yo no acomodo mi manera a lo socialmente plausible, ni me pongo a predicar en ninguna plaza, ni intento adoctrinar a los que saben menos horrores que yo. Yo tan sólo me burlo de los que, como vos, creen entender afectivamente qué soy.

Ahora, para terminar de amargarte tu puta jornada, en respuesta a tu intento de amargarme el semestre, te cuento que frente a los hijos de diez mil putas y a los hijos de puta, están sus opuestos, corazón. Chic@s que estudian por los que no pueden hacerlo, que se juegan el cuero porque creen en el alma que portan y que ésta les exige ir para una determinada dirección. Chic@s que no farolean, que no pierden energías en pensar si la gente es idiota o no, sino que emplean su tiempo y recursos en evitar que el puterío pueda terminar ganándonos.

Ir volviendo

"Sé dónde cojean", dijo Acuario.

Conozco el fondo de la trama, las razones
ocultas, crueles, que enarbolan la distancia
de horarios sordos y de esfuerzos sin constancia
marcando a penas a este rey de corazones.

Tranquilo y firme voy contando entre mis dones
la mirra, el oro y el incienso en cada estancia,
la noche suave que me salva de mi infancia
y el gesto impío de exponer mis emociones.

Se ve que soy lo que no digo y lo que expreso
si canto "tempus" y me suelto en la violencia
de un mar eléctrico que muere entre mis manos.

Que voy volviendo a ser de nadie, y que si beso
la luz carmín de un par de labios sin urgencia
no es más que inicio de rubores menos vanos.

jueves, 19 de noviembre de 2015

El peso del afecto

Comienzo y rompo con mi frente la muralla
que luego borro con la rabia de mis ojos,
le expongo al mundo de los lerdos mis enojos
y caigo y pierdo nuevamente otra batalla.

Repaso entonces cada verbo en mi pantalla
y veo el quiebre de mi azul entre tus rojos,
mis manos rotas escribiendo los despojos
de un alto sueño con aroma a luz y playa.

Me voy un poco hasta los fondos de mi abismo
buscando el gesto, la palabra que te muestre
el eco ansioso de mi voz si no me miras.

Y vuelvo a vos, sin un vulgar romanticismo
tan solo y sólo por buscar ser quien demuestre
el peso exacto del afecto que le inspiras.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

A veces



A veces todo esto se me hace cuesta arriba y ni pillo las palabras, ni los modos, ni siquiera los gestos. Así que me quedo ahí, en un movimiento aparatosamente lento, como si tuviese doscientas libras atadas a cada tobillo y un collar de cemento armado marcándome el cuello. Me quejo, es obvio que me quejo y me lamento y me plagueo sin disimular esta suerte de impotencia que no llega a serlo porque no se trata de lo que yo pueda o no, sino de lo que el otro ámbito me permita realizar, cuestión que va más allá de mí.

Digamos que asisto a la imposición de la distancia, al almanaque de secretos y a toda la galería de mensajes cifrados y conversaciones no hechas, sin que la pasionalidad propia del bestia que suelo ser interfiera en la suma y resta algebraica que debo efectuar para llegar a un resultado que en algún punto estipulé que sería claro y distinto, y entonces satisfactorio tanto en términos del ámbito como en los míos propios. Porque, es preciso entender que en algún momento convergimos - y de hecho a veces solemos converger -, y el ámbito era una anticipación de mis otros yoes.

De que cansa, pues claro, cansa. Como también agobia y desgasta, dado que uno no es ni de madera ni de piedra, sino que uno es carne y huesos, sed de hacer historia con una carga de vanidad capaz de resistir los más potentes bombardeos de ojivas depresivas con la mejor de las telemetrías, hambre de dormir hasta tarde con todos - porque son varios - los teléfonos apagados, aferrado a la tibia incandescencia de un vientre diseñado desde el atrás del tiempo para esa mejilla que es uno, que soy yo, ese que escribe esto que escribo por el ámbito.

Cuando sucede todo esto que ahora bosquejo sin mucho detalle, y siento que no sé si estoy a punto de quebrarme o de doblarme, imagino a un alguien en mi situación, y pienso y medito en qué le diría. Y le diría lo siguiente: "Macho, dale la espalda a este quilombo y andate a casa. Olvidate de este ámbito." Es más, me lo digo - apostaría a que es Smarc -, y sé que puedo hacerlo, que incluso en una arista me convendría hacerlo. Pero mi orgullo me exige no declinar aunque sangre, sude y llore. Y yo soy mi orgullo.

Por lo demás, sé muy bien que si hay algo que abunda son los ámbitos. Así como todos saben que me cuesta horrores pertenecer a ninguno, que cuando elijo uno me juego hasta las manos por ser uno con él, y que si me queda chico, siempre finjo que soy yo el que nunca dio la talla - vamos, no será noble esto, pero como que me lava un chiqui lo hijo de puta que soy -. Aparte que mañana será otro día, si acaso llega, y otra noche y una nueva lista de ámbitos en donde poder volver a empezar.

domingo, 1 de noviembre de 2015

El último y verdadero rito

Las horas, perfectamente alineadas como una caravana
         que no se deja turbar ni por el sol ni por la lluvia,
ignoran por completo cómo las examino, ávido
de saber en cuál de ellas aparecerá tu nombre
acaso tu rostro
tu voz.

Tú tampoco sabes
     cómo se exige un sniper cuando a solas vigila,
   o bien,
juegas a la distancia y a la anestesia,
como Allende cuando afirmaba
que un dolor no dicho es uno que solo se disuelve.

Alguna vez accederás al calendario
     y por fin decidirás la cita,
el fin de esa carencia que me nubla
que sin quererlo alimentas
cuando ríes detrás de mis ojos...

o me tocará a mí descifrar
el último y verdadero rito
que me ocultas en silencio:

bajo qué techo durmieron
los besos que te di.

Fante y Elliot

Fue una debilidad mía, no es posible explicarlo de otra manera. Sí, no pongás esa cara, una debilidad lisa y llana. Claro, ya sé que estarás pensando en todo ese historial de mi carácter, las peleas de los viernes en la escalinata por unos billetes, o sólo por diversión, por adrenalina. En los años laburando en el puerto, con ese gremio horrible en el que lo insoportable era lo cotidiano y sin derecho a queja. Y, por supuesto, en la crueldad mental de la que siempre me hice cargo.

Pero, ahora, preguntate lo siguiente, ¿qué pasaría si efectivamente yo tuviese razón en todo ese tema de Fante y Elliot, y no solo eso, sino que además no padeciese del síndrome de Raoulf? Alto, yo también pude llegar a pensar, sentir y hasta decir, que la conducta provocada por Raoulf era perdonable considerando todo lo demás, todas las otras tantas cosas. Sin embargo, y aquí la sorpresa, tanto Helene como Eunice, me verbalizaron exactamente lo contrario, que todo lo que hacía bajo el efecto de Raoulf echaba a perder lo realizado en los otros ámbitos. Es decir, lo peor de Hyde siempre superó a lo mejor de Jekyll.

No, no te preocupés. Estoy entrenado en esa escuela de que “puede ser grave, pero no serio”.

Como sea, bien pudiera ser que se trate de dos bandos, y cada uno de ellos con razones y considerandos de indiscutible peso y medida. Bien, así las cosas, siempre habría la posibilidad de que un juez, completamente ajeno al juego, dicte su sentencia sea a favor de Helene y  Eunice, a favor tuyo o, resultado extremo, que declare un empate. Pero vos fijate sólo en lo siguiente, en cuán devastador sería para Helene y Eunice que el pleito terminara en empate o saliesen perdidosas. ¿Vos te imaginás cómo se les cae la casa?

Yo no sé qué iría a pasar cuando finalmente se enteren de que jamás padecí el síndrome de Raoulf, y por esto creo que es mejor dejar las cosas como están, ni siquiera pienso en la posibilidad de fingir seguir un tratamiento por el cual, entonces, me vuelva “normal”. Sí, como te digo, y sé perfectamente cuán horrible es lo que te estoy diciendo, jamás padecí de Raoulf. Aquí ya no sé, ahora que lo digo, si eso que comencé llamando debilidad no es más bien cobardía.

Helene, la dulce Helene. La esforzada Helene. Helene, la sacrificada. Mientras yo, el eterno hijo de puta incapaz de apreciarla, de valorarla, de ponerla en el más alto de los altares y poner a sus pies, cada día, cien orquídeas chinas. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo decir sin decir? ¿Cómo cagarme en Helene sin confesar que aunque para miles sea una diosa eterna, para mí lo fue, pero sólo por un tiempo? ¿Te das cuenta cómo calza entonces Raoulf?

Como ves, en un punto Hyde haría imposible que Helene pueda vivir con Jekyll. Jekyll tendría que marcharse sin dar demasiadas explicaciones, sobre todo esto, sin dar demasiadas explicaciones. Porque cuando uno es el culpable, acepta la culpa y asume la sentencia. No hay más.

Dado su entrenamiento, Eunice no me preocupa nada. En cuanto a vos, espero entendás lo difícil de mis chances, cómo yo solito me aquilombé hasta las manos, cómo nuevamente se me hace fundamental encontrar un apoyo en la cuestión de Fante y Elliot.


martes, 27 de octubre de 2015

Todo pasa

Todo pasa en esto de la linealidad del tiempo. No hace mucho estaba yo en el primer día de escuela, llorando a moco tendido, desgarrado de incomprensión. No hace mucho acepté viajar a varios países, por cuestiones de trabajo. Hoy me toca enseñar a gente mayor - en edad biológica - que yo. Hoy voy por el tercer pasaporte - los dos anteriores, llenos de sellos, presenciaron el cambio de regiones enteras -, sin que me preocupe cuándo tendré que pedir el cuarto, o si será necesario en algún entonces esta lastimera cuestión del pasaporte.

De joven me entrenaron en lo siguiente: ¿dónde estabas dos años atrás? ¿dónde te ves dentro de dos años? Siempre estoy mejor que dos años atrás, aunque no siempre estoy pisando el suelo que pretendí dos años atrás. Como sea, sigo avanzando, si es que es posible algún tipo de avance. Sigo creciendo, si crecer es darse cuenta de un montón de errores, documentarlos, fundamentarlos, y convertir todo eso en una frase que podrá o no servirle a alguien.

Lo sorprendente es cómo siguen sensibles algunas zonas de lo que me constituye y que me puebla. Maravillarme y disfrutar de Tanhäuser como aquel primer día, colgarme de una barra como lo hacía hace 20 años, estar pendiente de una llamada, escribir más allá de lo que pienso y siento, sin callarme los odios, el asco, los diagnósticos errados, la falta de estilo y la cara de culo de tanta gente que no merece tener boca, puta madre.

¿De qué lugar del tiempo proviene
ese juicio, ese tribunal de cerdos
que huele a macho mal castrado?

Yo tengo entre las manos abiertas
un jazmín Paraguay, obsequio de un hada,
un diente de león
y el único espejo que sabe mi rostro.

¿De qué miseria genealógica
heredada de pelotudos a pelotudos
se constituye el espectáculo del duelo
del que me obligan a ser testigo?

A mí me falta la caricia,
ese  par de ojos diferente a todos
que me miraba los sueños
cuando hacía siesta y hacía cariño.

¿De qué mierda me hablan
los que van a votar, los que rezan
un "paz y bien" carente de sexo,
los que al ver sangre cambian de canal?

Yo llevo su clave en un antebrazo
y en el otro la mía conjugándonos,
todo lo demás es pentagrama;
y nosotros, lo que no acaba: música.

jueves, 8 de octubre de 2015

66. Burla 7

"Un maestro siempre está de ida, por eso su recuerdo simboliza al presente. El tiempo mental en donde el discípulo atisba el futuro".
Asira.

Cansado, mas tranquilo y lleno de alegría
obliga al aire frío a portar su mensaje
midiendo lo difícil de asir cada pasaje
ostentoso de luchas, de profunda sangría.

Unos pocos lo vieron cuando a solas partía
nutrido de colores tomados del paisaje
marcado por los libros que fueron su bagaje
uniformando estrellas con un sol que moría.

Recordamos algunos su modo torrentoso
mientras rozaba apenas los rosales malditos
ungiendo con sus pies las espinas del prado.

Limpio de cumbres rotas venció lo tenebroso
logrando este recuerdo de sus gestos benditos
oro, cuando no mirra, para quien no fue amado.

miércoles, 7 de octubre de 2015

Margot y Susan



Aparte de ser exigente, Margot estaba llena de manías y reglas que nos imponía con una firmeza que no he vuelto a ver, y que por cierto, la suelo aplicar. No podíamos recostarnos por la pared, por ejemplo, porque no éramos moscas. Debíamos ser amables y solidarios, porque de eso se trata la auténtica rebeldía. Pero, por sobre todo, debíamos mantenernos erguidos en todo momento, para que no se nos desvíe la columna, primero, y segundo, para que cuando llegue el día del desfile parezcamos hombres gallardos y no un montón de monos como los chicos de los otros colegios privados.

Años después, cuando comencé a tomar clases de esgrima, la postura que se me había vuelto natural gracias a Margot, se impostó todavía más, mucho más. Esto lo he notado hoy, al ver el vídeo que me envió Susan, y que lo filmó el viernes pasado, en el encuentro que tuvimos los compañeros de promoción. Parte del mensaje que acompañaba el vídeo decía "Parecés muy vanidoso, con razón nunca nadie se te acerca". Susan siempre fue extrovertida, y por eso me habla a mí como le hablaría a cualquiera, con esa franqueza que tienen los extrovertidos los que no temen equivocarse.

Ahora Susan estará haciendo dormir a sus críos, quizás en una hora más comience a hacer el amor con su marido -que, por cierto, me parece un buen tipo-, y supongo que en un par de horas, como mucho, estará durmiendo el sueño de los justos. Como cualquier extrovertido, ella ignora el profundo mecanismo que ha puesto a funcionar en mí. Todo ese engranaje de tesis, antítesis y síntesis que latimos los que hablamos sólo con nuestros escogidos. Ella sólo ha enviado un vídeo, sobre el cual hizo un comentario, nada más. Incluso, casi estoy seguro, de que ya lo olvidó.

"Vanidoso", dijo, y mientras miro y vuelvo a mirar el vídeo, creo que la palabra es "altivo", y vuelvo entonces, casi irremediablemente, a Margot. Muchas veces me he sentado en el pasillo de mi departamento, el que comunica a la sala con mi estudio y, apoyado -como una mosca- por la pared, me he bebido botellas enteras, y fumado cajetillas completas de cigarrillos franceses. En lugar de mirarme en el espejo, me he mirado en la pulcra pared de enfrente, sin nadie al lado, como escudriñando el porqué de una lejanía que nunca me nació, que siempre la tuve sin explicaciones.

Cuando Susan se me quiso entregar, yo leí que quería tomarme, y por eso la rechacé. Pero ahora Susan está haciendo dormir a sus críos, y luego hará el amor con su husband. Después, Susan durmiendo. Susan ignorando las veces que miré una pared para exorcizarme de Margot. ¿Margot, en ese entonces tan pretérito, ya intuyendo lo de Susan? Hijas de puta las dos, hijo de puta yo, ciertamente. Pero, sin embargo; mas, sin embargo, ¿quién de los tres se atreve a mirarle a una pared? Vuelvo a mirar el vídeo y no veo altivez. Sólo el dolor de la honestidad.

***

Fotografía de Zachary Nelson

martes, 6 de octubre de 2015

65. Séptima historia de fuego

65. Séptima historia de fuego

"Como flechas en la mano del héroe, así los hijos de la juventud."
Salmos, 127:4.

Mi presente va siendo tu futuro
porque determiné como "un" principio
"La leve brisa", altar de todo ripio,
y llegué a "Ese mentir y creer" puro.

Porque viví las noches de "El anillo"
que busca quien lo porte y lo defienda
de "Los días que duelen" en contienda
con "El puente" y la "Nota" en mi castillo.

No mires el atrás, no es necesario
sólo siente el aliento que le impuse
a mis hijos primeros, los salvajes.

Y deja que vomiten lo ordinario,
que sea tu cerebro quien acuse
los golpes que proyectan sus mensajes.

lunes, 5 de octubre de 2015

64. Inter 13

"Quien es capaz de apreciar un resultado, pero es incapaz de valorar el proceso del mismo, no es más que un glotón que no sabe cocinar".
Smarc.

Lo escrito se convierte en río navegado
en gesto que se ofrece y que a veces perdura
si acaso el navegante conoció la tortura
de vivir y asumir la fe del condenado.

Lo leído se vuelve un fruto delicado
capaz de envenenar una mente insegura
y de cicatrizar la más honda rotura
si el que lee discute cada verbo empleado.

Quien ni lee ni escribe es normal que atropelle
los modos y maneras de quien late palabras
con sus ojos y manos cultivando futuros.

El que interrumpe el acto de comprender un muelle
ignora qué es un tigre -sólo sabe de cabras-
y vive, sin saberlo, rodeado de muros.

domingo, 4 de octubre de 2015

Hay



Hay un riesgo en cada día que se llama nube soñando ser tormenta, o mariposa amarilla buscando una hoguera a la cual arrojarse, el fresco torrente de un río que no se cansa de nunca ser el mismo. Yo amanezco en este riesgo bajo la desalada condición del buscador, la del testigo que debe procurar ocurra el hecho sobre el cual dará su testimonio de mármol incendiado, desde la presión del tiempo lineal y curvo -con todos sus agujeros y cúspides innombrables-, sosteniendo bajo los párpados la caravana de recuerdos que buscan llegar hasta mi garganta para relatar lo que fui.

Hay, entre mis manos es que hay, un fuego profano y pecaminoso, un crepitar de predicados, de libros, de jurisprudencia acerca del amor de los esclavos, de edificios incomprensiblemente altos naufragando en la imaginación de los bufones de Dios. Yo las miro, y sin mirarlas examino mis falanges, mientras lato la precisión de un verbo inconjugable que me aprieta los latidos contra un muro que se llama presente, instante, tarde recién parida por un hermano menor que me enseñó a ser apátrida, señor de los insomnios y juez de lo que jamás he llegado a sentir: temor ante los absurdos notables.

Hay una señora de la oscuridad, a la que los antiguos suelen llamar espera, y que me ha hecho su rey ya no sé si merecida o inmerecidamente. El avecinar de una noche con sus colmillos limpios, frigios, listos para hendir e instalarse en la soledad de mi cuello, como si yo, como si esto que soy, o que se dice y se imagina y se escribe que soy detrás de tantas puertas cerradas, fuese el suero que alimenta de furias y esperanzas el vientre de los descendientes de Caín. Hay un hueco en mi pecho hecho de falta de luz.

Hay gritos manchándome de crueldad los ojos, millares de inocentes retorciéndome la garganta con la impudicia de sus rostros esculpidos por el terror enseñándome la estatura del asco endureciendo mis espaldas en un entrenamiento de bilis y soledad, como puentes que se ofrecen a mis pies hechos muñones. Una densidad de muerte vueltas tradición sobre la negrura de mis pupilas que soporto apenas por un apartamiento infernal en donde encerrado con fantasmas y demonios desgarro mi mirada por arrancarles ese pedacito de piel que más necesitan, ese punto dimensional en donde hacen pie si acaso en mi delgadez llego a flaquear.

Hay una historia de futuro inmaculado que estoy escribiendo al borde de tu pelo. Una que principia en mis principios y que desborda a todos mis inicios. Una trama que se yergue en tu cintura como un iceberg pletórico de verbos nuevos, como una llama que se alimenta de sí misma por haber desestimado la fogata que abriga a quienes se fundan en el destino. Hay esto que hacemos suceda, eso que no se dice y que no se encuentra, que se construye al lado de diez mil precipicios, con los labios preñados de sonrisas y nuestros nombres en nuestras bocas.

Fotografia original: Charlie Hang
Edición: Silvio Rodríguez

sábado, 3 de octubre de 2015

63. Nocturno XI

63. Nocturno XI

"Cuando el último de la fila termina ganando la carrera hasta el que partió primero lo celebra. " Andrea.

A veces es perdiendo que comienzo
con variables en contra y el alma lastimada
mas de cualquier manera la lucha comenzada
obliga a la tensión de descorrer su lienzo.

En la lastimadura, en lo querido
que en el atrás fue claro y diferente,
y en la duda que surge rasguñando la mente
se marca la belleza del que va de aguerrido.

Por esto una torpeza, un error no forzado
no significan sino simples pruebas
que en la forma definen a mi fondo.

Y entonces soy la espera, del licor su acabado
quien de lo viejo logra cosa nuevas
y el que en lo playo encuentra lo más hondo.

viernes, 2 de octubre de 2015

62. Sobre la tabla 3

62. Sobre la tabla 3

"El más alto entrenamiento no trata de ataque, contraataque o defensa. Trata de la capacidad de absorción. También esto está más allá del bien y del mal." Asira.

En dosis poderosas e imprevistas
el rencor va invadiendo la inquietud de mis ojos
sin esconder que viene mandado por los rojos
que quieren mantenerme en sus nefastas listas.

Apretando los dientes
sin temores oculto mi sonrisa
sabiendo como nadie que cualquier piel se eriza
si capta los dolores de mis fuentes.

Lucho sin mucho afán. Maestro del dolor
repaso cada sueño, cada idea
todas las maldiciones y pesares,

y repito mi nombre, su color
cuando por perdonar es que golpea,
cuando por no decir incendia hogares.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

61. Noche XIII

61. Noche XIII

"Uno está condenado a perder un montón de cosas si lo que quiere es ganarse a sí mismo. Si lo logra, uno entiende que nunca hubo pérdidas, sino sólo desprendimientos". Asira.

Fue que quise privarme de festejos vulgares,
al menos una noche imponerme lo simple
de ir a dormir temprano sin buscar imposibles,
sin saberme secretos que no fueron verdades.

El tiempo me jugó la carta del cansancio
mi cuerpo le arrojó la del loco entusiasta,
mientras mi mente herida ansiaba hagamos tablas
con mi piel de testigo de tanto esfuerzo vano.

No, no pude conmigo, con el hambre en el vientre
y su presión de años marcándome los ojos,
con la sed del suicida que muere si no lucha.

Pasaron muchas décadas desde esa vez de fiebre
atacando mis dedos con la furia de un lobo,
de la vez que entendí de qué va mi figura.

martes, 29 de septiembre de 2015

60. La niña III

60. La niña III

"En la terrible soledad del combate cuerpo a cuerpo es que se mide cómo fue el camino que transitaron los contendores". Asira.

Viajando sin maletas recargadas
allá donde las luchas son reales
libres de la presión de los finales
en tanto merecimos las doradas.

Negando lo sencillo y no lo duro
trabajamos el tiempo y las derrotas
imaginando ella con qué notas
nacería el combate por lo puro.

Así fueron las cosas, los momentos
y lo que no dijimos cuando hablamos
masticando los pesos de la angustia.

Imaginamos hondos sufrimientos
y fuimos los ajenos, los sin amos,
orquídeas sin jardín y no flor mustia.

lunes, 28 de septiembre de 2015

¿Cómo me sano esta violencia?

A veces soy el chico que nadie tomaba en cuenta
uno que aferrado a su resentimiento
logró escupir su nombre al rostro de la noche
triunfando a la carencia de los gregarios,
entonces
tus manos no solamente son manos
sino que son las garras poderosas
de una leona cruzando mis puentes
haciendo me olvide de cuán solo estoy y soy.

Si te vas, si te alejas
- y siempre es de pronto, como un golpe
que no veo venir, que no sé medir -
me vuelvo grito, la herida que sangra
y que a pesar de su antigua inteligencia
sólo es honesta consigo misma en un reclamo.

Si te alejas, si te vas
sin un aviso de zona de turbulencias
sin una señal de curvas peligrosas,
soy el atleta dispuesto a matar y a matarse
y que sube al ring con los ojos fríos
la voz ardiendo por tus ojos
y todo el atrás del tiempo rugiendo en mis puños,
pero
sin nadie a quién poner de rodillas
sin nadie a quién destrozar
para borrar tanta distancia.

¿Qué hago, ahora que no te tengo
cuando recuerdo cuánto te tuve?

¿Cómo me sano esta violencia
de no lograr la calma
- que me escondes y me ocultas sin siquiera imaginarlo -
cada vez que te marchas?

miércoles, 23 de septiembre de 2015

Mi ermita

Vos que me viste roto por dentro y por afuera
que examinaste el daño de todos mis excesos
tras mirarme a los ojos descubriendo unos soles
que exigían de lejos vivir tu territorio.

Vos que viste de golpe cuáles son mis azules
la fiereza del rojo que habita en mi tensión
y todo ese granate que me cubre la piel
cuando me aparto y parto ejerciendo mi boca.

Fijate en lo profundo, en mi forma de puño
que es caricia guardada sedienta de tus labios,
en cada forma y fondo con que accedí a tu vientre.

Y desde tu atalaya de melena sin furias
comprende que mis huesos dominan catedrales
sólo por ofrecerte lo íntimo de mi ermita.

domingo, 26 de julio de 2015

Votaciones 1



La verdad que parecen estúpidos de tercer año de primaria. O de última, ciegos entrenados en la niebla. Y lo digo así porque cuando estuve en tercer año de primaria yo no tenía sentido crítico y asumía que todo lo que me enseñaban estaba y era lo correcto. Si hubiesen leído, si hubiesen estudiado, sería posible que se note cuándo extrapolo una cita, cuándo digo una idea propia, y cuál es la distancia entre la burla y la ofensa. El que se va a votar, formando filas y manchándose los dedos con tinta sin haber escrito un carajo, sencillamente apesta, mucho.

Yo no me cuestiono ni por un segundo en si está bien, en si está mal, en si es o no correcto ir a votar. No. Lo que yo me planteo es cuál es el resultado de ir a votar. Es decir, después de décadas de tal y cual derrocamiento de tal y cual dictadura ¿que les queda a quién? ¿en qué han progresado quiénes a través del puto voto? Yo no conozco a nadie - y vamos, que conozco un montón de gente -, que haya salido beneficiada gracias a votar por tal o cual hijo de puta de turno.

Ahora, si me dicen que para votar sólo tengo que marcar asterisco 666 desde mi móvil, o si puedo hacerlo desde mi compu, ahí la cosa cambia. Pero ir a votar implica, luego de pagar impuestos, tasas, y como querrás llamarle al hecho de que te quiten parte de la plata que ganás aburando, pagar el desayuno, media mañana, almuerzo merienda y cena de una partida de sub normales que, gracias al Estado, ese fin de semana lo pasan bomba, porque comer gratis es algo muy alto para ellos. El que laburó en política, desde abajo, sabe de qué mierda hablo.

El clásico clase media, el boludo por antonomasia, el hipócrita intelectual que en su imbecilidad cree que ir a marcar una papeleta le otorga la autoridad suficiente para llenarse la boca con el vocablo "democracia", puede que tenga una somera idea de lo que es votar, pero no tiene posibilidades de entender lo que significa "elegir", no se imagina qué es "optar". Salvo en Finlandia, acaso, ir a votar es sólo marcar presencialmente que uno está de acuerdo con la joda. Llámese joda a calles con baches, o a drones descuartizando gente inocente. Llámese joda cagarse en los malditos putos "colaterales".

Yo no voy a ir a votar. Si quieren mi voto, que vengan a mi casa, en todo caso, marcando cita con antelación, obviamente. Y para reírme a solas, o con unos cuantos semejantes, ¿sabés por qué el no votar se multa pero no implica cárcel? Porque si el diez por ciento de la población no votase no habría dónde encarcelarlos, y porque ese diez por ciento de la población labura, y por eso es necesaria. Cuando votar no significa elegir concienzudamente a quién es el mejor para tomar las decisiones correctas, se convierte en un acto de idiotez sin estilo.

sábado, 27 de junio de 2015

Todo va a salir bien



Los demasiados tigres inquietan mi garganta, como inquieta al pastizal el ozunú, ese temblor en la tierra que antecede desde lejos la fulgurancia de un rayo proyectando el acto de su esencia. Me desnudo los pies, y con la piel del pecho desmesuradamente abierta, me hago un ovillo y, por una vez, sin gritar la sordidez que el mundo me exhibe, intento ese silencio que sólo alcanzo cuando ni a quien amo está a mi lado. Y me caigo, chorreando lágrimas salvajes me caigo en una desesperación y ahogo que ninguno de los que soy siquiera intenta contener, explicar o decir.

Creo en la caída, en la que te raja las rótulas y te rotula el alma con el peso del pasado vuelto cruz midiéndote la espacialidad de los hombros, la dimensión de la cerviz discutiéndole a su deidad posible su imposible irrealidad. Creo en la llaga y en la ofensa, en la herida premeditada y, con Ingenieros, en que todo Cristo tiene su Judas. En el amor a la piedra, con Nietzsche, en el número perfecto, según Pareto, y en la rima asonante según el boludo de turno. Creo en todas las cagadas que el mundo puede ofrecerme sin un aviso.

Porque cuando te caés ocurre la mano que no esperabas, o la que forjaste. Esa que no puede sino estar ahí, al lado, esa que te estira y que rechazás por incomprensible; esa que te empuja y que despreciás por menor; y hasta la tuya propia, que esquivás porque es la que te sabe por dónde sangra el daño. Por hipertrofia avanzo, en una vanidad inútil. Con la tozudez de los idiotas y la sinceridad que sólo las bestias irremediables de su condición pueden reflejar en sus ojos. Porque soy de mis nombres también su apellido, la cifra que nadie sabe.

También la luz, si aguardo lo suficiente. El toque genial que todo lo explica y burlándose de mis dudas hace pie en lo marchito de lo posible, y por hacerme morder el asco de lo posible, por esa mi cara asumiendo el horror de lo sabido, me toca los nudillos goteando los huecos del mundo, sopesando cuánta furia se necesita para una calma que dictaminaron imposible los que no anduvieron la vereda del hastío y de la decepción más temprana, y que hacen del paciente carne para el suicidio, o al menos su intento una tarde de sábado sin nadie cerca.

Todo va a salir bien, Truman. Sé que todo va a salir bien. Sé que todo siempre tiene una explicación. Sé, también y por ejemplo, que no tendré que explicar todo esto que digo, Juliet. Así que llamá a tu nodriza, sabe más que tu vieja, que tu mamá, que tu madre. Es hora de despedirse de las gentes. Que una cosa es Romeo con Mercutio, y muy otra sin su música favorita. Juliet, ¿cómo soportas que un hombre llore? ¿Por qué mi dependencia, tan abierta? ¿Por qué viéndola no la miro? ¿Por qué sigue mirándome eso que he vencido solo?

sábado, 13 de junio de 2015

De la manipulación


Es difícil manipular sin la culpa por delante, o sin la promesa de un premio más al frente. Como siempre, es fácil decirlo, puesto que lo difícil es darse cuenta, pillarlo. Es como los cuernos, o la locura, el afectado es el último en enterarse y, lo mejor de todo, es que cada cual tiene su modo de reaccionar cuando capta esa parte de la realidad que desconocía por completo, o que se negó a aceptar hasta llegar a ese punto en el que la destrucción se hace tan grande que no hay otra que revisar los errores en el libreto.

Yo ya estuve en ambos bandos. Manipulé sin escrúpulos - el que manipula nunca los tiene - cuando busqué un resultado, y me dejé manipular - no a conciencia - también por obtener un resultado, como también por evitar otro. Hasta que de pronto lo vi, y fue como despertar de una borrachera y asumir la correspondiente resaca, con una mezcla de arrepentimiento al reverendo pedo, y que sin embargo invita a hacerse presente, inevitablemente, a la humildad; con un malestar tan intenso que se hace necesario el "bah, a la mierda, no es para tanto", mientras pasa el sanador Cronos.

Eran otros tiempos, yo era muy chiquito y era prioritario si no ganar siempre, al menos no perder nunca. No me justifico, sólo me explico, y dominando como nadie el asco hacia las explicaciones de la conducta, cosa que a tanto docto y a tanto imbécil sigue interesando. Ahora ya no me importa. Ahora, cuando veo un intento de manipulación sonrío por dentro y dejo que siga la trama, como sin enterarme. Ahora lo difícil es no contestar, contener la reactividad, percibir la presión de grado 10, tener la capacidad de responder con grado 101 y, sin embargo, abstenerme de hacerlo.

En así las cosas, el juego, que jamás dejó de ser cruel, y que quizás por ello sigue siendo intenso, se ha convertido en algo mucho más limpio, como más solitario. Quedan pocos participantes y el discurso se reduce. El erudito como el inocente, encerrados en un egoísmo inmaculado de todo egocentrismo batallan un ensimismamiento del uno sobre el otro sin levantar los párpados. El filósofo y el teólogo sonríen mientras se hacen tajos profundos en los pómulos. Y el chico y la chica se miran de soslayo, sopesando largamente la tremenda distancia que los separa y que los vuelve uno.

Desprendido - aunque no desaprendido - del arte de manipular, uno pisa más firme y más solo. Aprecia a todos aunque quiere a menos gente. Toma menos, también, y da mucho más, porque entiende que ese es el flujo natural aquí, aun cuando esta "naturaleza" que porta pudiera sentirla, por influencia de afectos, como injusta. Aunque el final del camino sea el mismo, camina más alto el sendero el que deja de manipular que el que nunca lo hizo; y el que manipula, sin poder avanzar, sólo da vueltas alrededor de sí mismo, sin imaginar la potencia de un egómano capaz de sonreír.

viernes, 5 de junio de 2015

Esa paz

Pero una frase tuya
bastará para sanarme, extrapolo en mi locura
en todo este historial de desprecio
que razonadamente apuesta por cualquiera
que sepa dudar y así jugarse la fe.

Y al límite de mi rutina
me arrojás un "I miss you so much"
que me enciende los ojos, me aquieta e impulsa
a que no me duelas tanto,
a que no prefiera el olvido fácil,
a que elija la posibilidad
del precio altivo de una cicatriz definitiva
antes que una llaga
que siempre se recuerda a cada instante.

Sin saber, o sabiendo
me bandeás los momentos sacros
esos que me guardan de los demás,
y te instalás, pura y recia, casi agua
en mi forma de aire y precipicio
como sabiendo que te quiero,
que no soy yo sin tu boca.

Yo me vendo la rodilla
recordando tu mirada parpadeando futuros,
y me encierro de todos
murmurando tu vientre entre mis labios,

esa paz que sólo contigo...

sábado, 9 de mayo de 2015

Misiva



Puede que suene egoísta, pero necesito estar bien por mí mismo, sin necesitar de nadie. Sí, lo sé, si te digo que dependo de vos para ser feliz, sonaría bonito pero, si te fijás, te estaría echando una carga encima, y eso es algo que no podría soportar. Si, en cambio, me hago capaz de cruzar toda sombra bajo una lluvia de oscuridad, si puedo lograr vadear cualquier río de gentes y banderas, si alcanzo a burlar hasta el muro de mi muerte imposible sin necesidad de colgarme un cartelito que diga "sálvame", la carga quedaría en mí, sólo en mí.

He visto a gente desesperada contarle sus miserias al primer desconocido que le hizo de oreja, y cómo luego de la confesión el pecador terminó odiando al confesor de turno. No soy de contar mis quilombos - se me notan en la cara -, y si nunca suelto prenda es porque sé la diferencia entre el llanto que refiere a queja, y ese otro, tan diferente, que resulta de un dolor que no se puede, porque no se sabe cómo, resolver. Juego callado, buscando siempre la risa, como lo hace el que intenta explicar lo que nunca tuvo una explicación razonable.

Ahora, no te niego lo injusto: qué de Catulo, ¿por ejemplo? ¿Cómo ser feliz si nos enamoramos de quien no nos corresponde? ¿Cómo distinguir el deseo -que ansía poseer- de la necesidad, de la auténtica necesidad de que un otro sea feliz? Esto no se razona salvo para expresar con palabras la distancia entre egoísmo y egocentrismo. Hay quien quiere ser el salvador, y hay quien quiere salvar. Entre el que ama y el que quiere ser amado hay una lejanía que ignora el primero y que domina el segundo. Esto me cuesta decirlo, porque te deseo y hay algo más.

Plotino, otro pedazo de loco, decía que "para ver la belleza hay que primero hacerse bellos", qué lindo ¿no? Pero tengo un hermano mayor que sabe de cosas que en su puta vida palpitó Plotino. Me dijeron, también - disculpá la dispersión -, que "no se puede amar lo que no se conoce", ¿y cómo entonces amar a "Dios"? Entonces, como un filo, como un Tramontina de barrio, ¿cómo no intuir la precisión de unas caderas y, desde la intuición pretender destrozar lo que llaman destino, suerte? Hay una estatura en el cariño que no se levanta con una "primera impresión", que no.

Y es que va llegando el punto en el que si me digo te nombro. Porque la gimnasia del tiempo queda pobre y anhelante si nuestras bocas se juntan a destiempo de las ansias, en un contrapunto insatisfecho de un placer que crece y le tortura a todo eso que ocurre bajo la piel, y que sabés como no me supo nadie jamás. Hay algo entre tus dedos, y allá al fondo de tu mirada, que sabe a noche y a puente, que me oprime y me levanta porque en tu dermis, quizás, está la playa que siempre me negaron.