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sábado, 27 de diciembre de 2014

Emputes intrascendentes

Cuando las papas queman me llama sin demora
para que yo, boludo por vocación insana
vaya y le apague el fuego con la palabra justa
como hiriente y letal; porque no soy el hada
que con una varita soluciona quilombos
entonando canciones con redondas y blancas,
sino que soy arriero amante de los tragos
de bailar apretado con alguna muchacha
y de no perder tiempo dando vueltas absurdas
con las buenas maneras cuando sirven las malas.

En el fondo me jode justo eso, todo el tiempo
que pierdo en boludeces en lugar de cansarme
de tanto coger minas, o de tanto leer
esos libros oscuros que no en cualquier estante
se encuentran disponibles, ni en tiendas esotéricas
ni en esa biblioteca en casa de su padre.
Me jode que mis horas las viva por segundos
que dos minutos míos equivalgan a un viaje
del que me priva siempre que no puede cortar
las lenguas del infierno mordiéndole las carnes.

Así que cuando al fin estoy conmigo mismo
recorriendo lo largo y lo ancho de mis puentes
disfruto del sonido poblándome la piel,
y aunque me empute mucho saber de esos "deberes"
encuentro que no hay daño en herirse sin dramas
cuando sirve de muro a lo largo del frente
donde todo se trata de llantos y reclamos
y que protagonizan desprovistos de bienes
los que portan dos brazos dos piernas y cabeza

sin saber de la vida y menos de la muerte.