Printfriendly

domingo, 2 de noviembre de 2014

Mi honor



No se puede enseñar eso que no se es,
y no conviene el acto de hablar como sabiendo
aquello que se ignora, pues mintiendo
no hay más que retroceso y fracaso después.

Yo prefiero el tropiezo de mis pies
porque cuando rescate de mí todo remiendo
seré una cicatriz que irá vistiendo
de azul mi barrio pobre y de gris al burgués.

Entreno como puedo mi voz atropellada
el gesto de frenar y el de ir para delante
sin que nunca me importe que parezca pedante.

Y si toca vivir el vacío y la nada
recuerdo que mi honor es como ese guijarro
al lado del sendero, como yo, hecho de barro.



"El honor supremo carece de honor.
No desea ser finamente tallado
como el jade,
sino que prefiere ser arrojado
como un guijarro al borde del camino".
El libro del Tao. 39