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viernes, 19 de septiembre de 2014



Tú...
y la marea siguiendo tu oleaje,
como sigo yo la luz de tus sombras
a la manera del ciego que avanza
apoyado en lo que siente.

Tú...
y mis manos a los lados del espejo,
con mi boca mordiendo el vacío de tu nombre
y tu letra erupcionando flores filosas
en medio de mi vientre sin deidades.

Tú, descalza sobre mis cielos
con el garfio de tus uñas siempre listo
a hendir en lo que lato
para sin escrúpulos exigir
por cada ojo tuyo toda mi cara,
por cada imagen de tu cadera
volviendo ceniza a mis infiernos
diez versos que escupo sobre el amor
tan sólo porque me rescates.

Tú y tu manera de promesa desmedida,
tú y que todo tenga que importar
- cuando para el vulgo sólo importa sentir -,
tú y mi musitar el pulso de tus sueños
cuando por no ofenderte
al cuello me encadeno futuros
que ignoro quién podría imaginar.

Tú, maldita niña preciosa,
corazón de piedra ígnea, de dragón,
¿no te cansarás nunca
de marcarme con un celo terrible
que no soy digno
de quererte sin que duela?