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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Lo heredé de mi viejo

Lo mío no es paciencia, sino una tozudez
capaz de abandonarse al goteo sin fin
si acaso se decide a perforar la mente
que le resulte en trabas para eso que persigo.

Lo mío no es violencia, sino darse los modos
cuando la grasa influye en los actos ajenos
y se hace necesario destruir toda historia
para erigir entonces un futuro impecable.

Todo esto lo heredé de mi viejo y a solas,
sin que nadie me explique que la sangre no es agua,
sin que el psico de turno me dispare preguntas.

Repetí y me repito incluso ya cansado
la parte que me sirve para ser lo que soy
más allá de los plagios y lo que invento cruel.