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sábado, 6 de septiembre de 2014

Hastiado me marché



Como una plastilina en manos de un orfebre
muté desde la forma de pasar lo nocturno
hasta la hora precisa de comenzar lo diurno,
pasando de ser chita a una mediocre liebre.

Me tragué lo orgulloso y bajé la cabeza,
en honor a la apuesta que me tuvo ahogado
con la boca marchita y mi verbo amargado,
seguí un par de consejos y venció la tristeza.

Aguanté cuanto pude maltratos egoístas,
la fiera dentellada del reclamo constante
y ser el santo y seña de lo sórdido y bruto.

Hasta que vi el error de negarme conquistas
por ceñirme a un terreno de vulgar mal talante,
y hastiado me marché a burlar lo absoluto.