Printfriendly

lunes, 29 de septiembre de 2014

El tigre



Con un ritmo nervioso ganándole los pasos
va como conjurando su lastimero encierro,
jadeando en el viento un aliento de hambre
que le obliga a mirar a la cima del muro
con los tendones tensos
por el rigor brutal de toda espera.

Ignora los detalles, el denso calendario,
no sabe de apellidos y tampoco de números,
sólo del hambre cruda que mastica silente
y que habrá de saciar con un zarpazo azul
cuando el arriba quiera medirle la mirada.

Mientras tanto se aquieta adentro de sus círculos
atrofiando los modos sencillos y lejanos
con los que alguna vez compartió su presencia,
y extendiendo sin límites esa fuerza ahogada
de tigre en un aljibe, de color comprimido;

y suben por sus ojos la lluvia y los tambores,
y se le agolpan duras mordeduras,
y no encuentra salida y se agazapa
en la sospecha indócil
de que el tiempo le ofrece ser herida.