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lunes, 17 de febrero de 2014

Difícil hablar de política



Puede que se trate del partido colorado y el partido liberal, o de Sudán del norte y Sudán del sur, de chiitas y sunitas, de israelitas y palestinos, pero en el fondo es lo mismo. 


El pueblo, el común de la gente, no tiene sentido crítico. Lee o ve las noticias y las acepta y se "forma una opinión". No se detiene a indagar si quién es el dueño del diario o del canal de radio o televisión, ni cómo ganan dinero. Tampoco se fija qué empresas publicitan en los medios que frecuenta, de quién o de quiénes son las empresas que publicitan, y menos aún cuánto cuesta un espacio publicitario.


Pero esto no es nada, siempre que haya una radio a favor del sector rosado, habrá otra a favor del sector celeste, y ninguna de las dos radios dirá absolutamente todo lo que sabe. Así y entonces, uno tiene que contrastar lo que dicen los rosados y lo que dicen los celestes, y aparte lo que hacen. Pero esto, como dije, no es nada. ¿Por qué?


Mirá, si un chico en una manifestación lanza una piedra y en respuesta recibe un balazo, el malo es el que disparó el balazo y el bueno el que lanzó la piedra. Ahora, lo que no sabemos es quién dio la orden, tampoco sabemos cuando. 


¿Se resolvió quién mató a X, Y, Z? Dicen que el crimen perfecto no existe, pero hay un montón de "hombres públicos" que fueron asesinados y que no se supo quién lo hizo, ¿o no?


Cuando el grueso de la gente sospeche que Visa, Mastercard y Amex tienen el mismo dueño; cuando el grueso de la gente sospeche que Burguer Rey y McHoland tengan el mismo dueño; cuando la gente sospeche que detrás del partido blanco y el partido negro están los mismos dueños; ahí es donde la cosa comenzará a mutar. 


Esta es una de las razones por la cual es tan difícil hablar de política, porque la información que existe siempre es si no incompleta, parcializada. Y porque, fijate, habiendo gente que en 30 años vivió 5 o 6 cambios de gobierno, no cambió su situación socioeconómica. Esto es, no importa quién esté en lo más alto, el rico sigue siendo rico, y el pobre, pues bienaventurado, que dirían los cristianos.


El, o los que están detrás del escritorio, simplemente van afinando.