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domingo, 29 de diciembre de 2013

505 palabras - Divagación del sustantivo

"dime cómo te llaman los que te conocen"




A mí no me importa que te llames Juan, Mildred, Presupuesto general de gastos de la nación o Clínica de alto riesgo. Ponte el nombre que quieras y que prefieras, tatúatelo en la frente y grita que es así como te llaman exigiendo que así te llame. Y yo lo haré, pero por supuesto que lo haré; si te llamas y te llaman Juan, yo también pronunciaré Juan cuando te llame. Pero como dice el libro, yo te daré un nombre que si no nuevo, para mí será el verdadero. El que te calza visto el atrás y presente que portas.

Quizás no te guste, quizás incluso lo detestes, y entonces yo no te guste y a mí me detestes, pero no me importa, realmente no me importa qué vayas a pensar, sentir o hacer al respecto, porque sea lo que sea que ocurra será una nueva secuencia y de nuevo será lo mismo, lo que estuvo - en este mismo instante esto ya estuvo - y lo que se está gestando en un ida y vuelta entre lo que tú y yo alcanzamos a definir desde el otro pasando por uno y viceversa buscándole el cuello a la serpiente que ríe.

Si me dices Ceres, te diré Venus. Y si me nombras a las dos yo te nombraré a María, a las dos y a las tres Marías, hasta que puedas ver, entender y sentir el absurdo de nuestros nombres en la mente de los que necesitan, a veces desesperadamente - dado que no tienen esperanzas -, de una tabla o un puñal al cual asirse para seguir el camino que los antiguos aprobaron y que nos dejó en esta encrucijada de quién es más y quién es menos, antes que en la ruta de quién se hace desde lo que es.

O no te contestaré. Como no contesto al gesto que apura una bandera y que en un rebaño - blanco, negro, amarillo, verdelilamoteado -encuentra la razón exacta para no razonar la existencia y veracidad de diez mil rebaños del otro lado de la realidad y los sueños, más adentro que los músculos y más lejos que un prejuicio de otro, dejándome comer por el eczema nervioso que me come el brazo derecho justo antes de poner el pie izquierdo sobre la cabeza del olvido. O te daré la certeza que apoyará todas las tuyas cuando llegue el monzón y te quieras.

A mí me importa cómo me llames, más allá de cómo me llaman y de cómo quiero que me llames, porque aunque me sirve lo que tengo, me sirve más lo que tendré, que de algún y de todos los modos te incluye ni en mayor ni en menor manera, sino en la tuya, propia, distinta y hermana. Me importa que nos iguale la capacidad que tenemos de diferenciar y de separar todas las posibles variables desde la emoción de una ecuación de campo hasta la fecha que palpita en un almanaque vencido, porque así integramos y volvemos a nuestra casa.